miércoles, 23 de marzo de 2016

CALAMARES FRITOS




 Ellos, mis padres me enseñaron sin darse cuenta a reconocer los productos de temporada, aunque debo decir que de siempre he tenido la inquietud, y cada día más me intereso, por conocer lo que se cría y lo que aporta cada estación del año, y sobre todo en los productos locales, no sólo en cuanto a frutas y verduras se refiere, sino también a los pescados y mariscos.

Al igual que procuro saber el origen de los alimentos que consumo; me he vuelto con el paso del tiempo muy curiosa en ése aspecto de la gastronomía, miro y remiro de donde vienen los alimentos que suelo o necesito comprar.    Cada vez más soy más exigente en ése aspecto.

Aunque es cómodo y hasta incluso necesario consumir cualquier producto todo el año, nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo globalizado ya que queremos todo o de todo en todo momento a pesar de que es evidente, que nada sabe cómo cuando el producto está en su época, en su mejor momento y máxime si es de cercanía.  

Sobre todo, soy muy, pero que muy exigente con el pescado y el marisco; quizás debido a que era la base de la cocina de mis mayores, como siempre suelo decir: gente de la mar.  ¿Se nos olvida que cada especie tiene una época óptima para su captura, y por lo tanto para su consumo?  

En éstos últimos meses “devoro” las jibias y los calamares, adoro ir a mi Mercado de Huelin y degustar de mil formas tan deliciosos cefalópodos, están en su mejor momento.   Desde aproximadamente primeros días de Octubre y finales de Marzo se produce la llegada de calamares a las costas de Málaga.  

El “caramá” malagueño, Lóligo vulgaris, caracterizado por su color blanco rosado con algunas manchas marrones o púrpura tiene un gran valor culinario en nuestra provincia.   Se suelen localizar en las costas andaluzas entre 20 y 200 mts. de profundidad, llegando a ser de gran tamaño, aunque lo frecuente es un máximo de 50 cm y 2 kg. de peso.  

El origen de su nombre, calamar, proviene del latin “calamarius”; proviene más concreamente de su concha interna, reducida a una fina lámina transparente en forma de pluma y de la bolsa de tinta que posee, pareciéndose a un tintero antiguo o “calamario”.

Nada tiene que ver los calamares pescados en la Bahia de Málaga, con los productos ya cortados y preparados que se suelen encontrar en grandes superficies e inclusive mercados.  Lo que venden es un cefalópodo de menor valor gastronómico y de precio: la pota o calamar gigante oriundos de otros mares y latitudes.      

No hay que confundir la "Pota" con el calamar, ya que la pota aun teniendo la misma forma anatómica es más basta que el fino y delicado calamar.

Con éste tamaño suelo prepararlo relleno en salsa de almendras, pero la gran mayoría de las veces, lo hago a la plancha, con un “majaillo” de ajo, perejil, limón y aceite.

Hoy, les animo a freírlos, a la malagueña, en rodajas, a la manera de mis mayores…de la gente de la mar.

No tenía publicado un buen plato de calamares frito, sólo en el año 2011, hablé de mi gusto por los bocadillos de calamares con mayonesa

Así, que hoy, sin más dilación les animo a degustar un buen plato de éste tierno, rico y delicioso cefalópodo: el “caramá”.

¿Como lo hago?

Ingredientes:

Un calamar de un kilo y cuarto, harina de trigo, sal y abundante aceite de oliva.

Los pasos a seguir:

Generalmente el calamar lo suelen limpiar en las pescaderías, así ya me lo entrega mi pescadero.  

cortarlo en rodajas y salar al gusto, que esté bien escurrido.

Enharinar y tamizar en un cedazo a fin de que no se quede mucha harina impregnada.

Calentar el aceite en una sartén honda, echar las rodajas de calamar en varias tandas a fin de que salgan lo más sueltas posible y no se peguen (generalmente lo suelo hacer en freidora, para mi es muy cómoda y el aceite consigo que esté tan caliente como se necesita para freir bien el pescado, de forma que quede crujiente y dorado por fuera, tierno y sabroso en su interior).

Por cierto, un consejo: al pescado, al buen pescado frito, los marengos no le echamos limón….

Aprovechamos y freimos unos buenos boquerones de Málaga, en manojitos.

De aperitivo, unas cigalitas, unos mejillones….de la Bahia malagueña



y todo ello regado con un buen vino malagueño, de Bodega Tierras de Mollina, un vino blanco joven, fresco, ligero y vivo, afrutado y moscatel…un vino que atrapa en su frescor y transparencia la esencia de la luz mediterránea.

Porque Málaga es la luz, así lo decía José Ortega y Gasset. Quien la conoce, lo sabe. Es la luz que irradia su gente y su modo de vida: la alegría del Mediterráneo, de ésa mar que me cautiva y enamora.

Con ésta entrada les deseo un buen y larguísimo fin de Semana Santa…hasta el lunes les deseo que descansen y diisfruten.  ¡¡ Sean felices !!  

4 comentarios:

  1. Lo que gutsan en casa los calamares, me encantan. Saludos.

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  2. Ay Toñi, con lo ricos que están los calamares fritos, por dios!. Me comía ahora mismo un bocata repleto de ellos y bien calentitos, me encantan. Aunque yo siempre con limón por encima.
    Disfruta de la Semana Santa guapetona, un besazo enorme

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  3. Que buena receta,en casa nos gustan mucho y hace tiempo que no las preparo y me apetecen un montón.Bsss

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Muchas gracias por visitar "Mi cocina", por escribir un comentario, lo cual me anima a continuar compartiendo lo que se cuecen por mis fogones y lo valoro enormemente.
Si tiene alguna duda o consulta, indiquelo, contestaré lo antes posible.

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