lunes, 7 de noviembre de 2016

PAPAS A LO POBRE CON HUEVOS ROTOS



Un día 7 de Noviembre la vi por última vez, desde el quicio de su puerta, con su eterna sonrisa en sus labios, me decía adiós con la mano. 

Han pasado los años desde que sin querer, sin darme cuenta, hace ya treinta y tres años en que maduré de golpe.     No cuando me llamaron por teléfono, no cuando aún la veía como dormida vestida con aquel traje de “Elisa Corpas” que se compró con la ilusión de llevar unos meses antes a mi hermano al altar, ni tan siquiera cuando no la encontraba por la casa a pesar de que la llamaba y la buscaba con desesperación.

Maduré de golpe cuando ya asimilé que no la volvería a ver, ni a abrazar, ni a escuchar su voz, ni a oír su risa.     Sí, no sé de donde saqué fuerzas, quizás de mi hijo, para asimilar que la perdí y que su ausencia me dejó un vacío intenso, doloroso, que aún hoy en día no sé ni puedo explicar con palabras; pero que poco a poco, con el tiempo he conseguido llenar con sus recuerdos.   

Mi madre murió demasiado joven y le tocó vivir en su infancia y adolescencia una época durísima, difícil y complicada, en una Málaga de post-guerra, nació y creció en el seno de una familia de pescadores, humildes, pero luchadores.

Dentro de su mundo fue feliz pero a la vez fue muy sufridora; ama de casa criada a la antigua, mi madre fue modista, era muy buena costurera, buenísima hija, sacrificada esposa, amantísima madre, buenísima amiga y vecina.       No puedo decir que fuese una persona moderna, aunque en su fuero interno sí que lo era, tenía una mente muy abierta a todo lo nuevo que ella, dentro de sus posibilidades, iba descubriendo intentando en gran medida inculcárnoslo a mi hermano y a mí.   

Desde que tuve uso de razón yo era consciente de que ella era quien cuidaba de su casa, de su madre, de su marido y sobre todo de sus hijos, sin dejar atrás la costura con lo poco que ganaba con ella, poder pagarnos profesores particulares, colegios en verano o juguetes, libros o regalos en fechas determinadas.    Porque todo hay que decirlo, a la mitad de las vecinas, amigas o familias no les cobraba, siempre había un “pobrecita” si no tiene ni para comer o un “cómo le voy a cobrar si es….”; le ponía dinero en hilos, botones y cremalleras a ése trabajo que ocupaba sus pocas horas libres.

Ella era la generosidad personificada en todos los sentidos, siempre tenía las puertas abiertas no sólo por la costura, también por su cocina.        Era muy buena cocinera y quien entraba en su casa, aunque llegara sin avisar no se iba sin comer, sin probar sus platos tradicionales malagueños, marengos.

Mi madre era feliz viéndo disfrutar en su mesa a los demás, había que ser capaz de comerse un primer plato, un segundo o dos y no podías dejar atrás la fruta.   Y de noche, un buen tomate “picao” con ajitos, con aceite de Periana y sus papas a lo pobre con huevos estrellados.

Y yo, mamá, recojo tu testigo, me encanta cocinar tal y como tu hacías, me gusta sentar a los míos a la mesa, verles disfrutar de la comida; recojo el testigo de que cuando alguien llega a casa disfrute aunque sea de un vaso de agua; recojo el testigo de recordar a todo el mundo lo buena y lo dulce que eras, recojo el testigo de recordarle a mi hijo, a Alejandro cuanto le quisiste, como le cuidaste durante sus dos primeros años de vida; recojo el testigo de hacerle llegar a tus tres nietas (mi hija Estefania y a las hijas de mi hermano, Patricia y Elena) aunque no te conocieron, que tuvieron una abuela maravillosa.    Recojo también el testigo del cariño de aquellos que aún me recuerdan lo buena y cariñosa que fuiste.  

Muchas personas pueden interpretar ésta entrada de hoy en “Mi Cocina” como algo rebuscado de mi pasado, pero es que mi pasado (nuestro pasado), mi presente y mi futuro también está lleno de ella, de mi madre.      Recordarla, aunque muchísimas veces me cuesta lágrimas y nudos en la garganta, siempre acaba en una sonrisa, imitando ésa sonrisa que siempre afloraba en sus labios.     

Con los años me he dado cuenta de que no la he perdido, de que está en la sonrisa de mi hija, en mis manos, en los aromas que desprenden los platos de mi cocina, en el mar…..siempre la mar.   

Mi madre, Francisca, era la dulzura personificada, vivió y vivía para los demás, para quienes la rodeábamos y hoy, sonriendo aunque con lágrimas en los ojos, merece que la recuerde como ella era y le gustaba, canturreando, cosiendo, riendo, añorando su dulce mirada, pero sobre todo, en éste momento… cocinando como ella sólo sabía hacer.   Con una receta que ella bordaba: unas papas a lo pobre.
Así, era como las preparaba, de hecho publiqué la receta por primera vez en el año 2010 y aun las sigo haciendo exactamente igual, pero si me lo permiten, vuelvo a publicarla en honor a mi madre y explicando con más exactitud el paso a paso.

 ¿Cómo las hice?

Ingredientes para dos personas:
Tres patatas grandes, un pimiento verde (tipo italiano), media cebolla grande blanca dulce (fresca, tipo cebolleta), dos huevos, aceite de oliva virgen extra y sal.

Los pasos a seguir:

Pelar las patatas y cortarlas en rodajas medianas, aproximadamente de medio centímetro de grosor.  Salarlas al gusto.

Enjuagar el pimiento y cortarlo en tiras alargadas.    Pelar la cebolla e igualmente cortarlas longitudinalmente.

Poner la sartén al fuego con abundante aceite de oliva virgen extra, cuando haya cogido algo de temperatura, echar las patatas, la cebolla y el pimiento y dejar que se vayan haciendo poco a poco, a fuego suave.

Ir removiendo de vez en cuando, dándoles la vuelta, cuidando de que no se rompan, ni que se quemen.

El truco de estas patatas es que queden entre fritas y cocidas, con cuidado de que no se peguen, ni se quemen como mucho algunas de ellas ligeramente doradas en los bordes y que su textura sea untuosa y que se deshagan en la boca.

En ése momento echar los huevos sobre el refrito,
salar al gusto y romperlos con la espumadera,

dejando que se vayan cuajando, removiendo y dándoles la vuelta a fin de que se cuajen uniformemente.

 Ideal para acompañar platos de carnes, pescados a la plancha o sencillamente con un tomate "picao"


Nunca mueres del todo si te recuerdan, a mi madre yo la recuerdo todos los días de mi vida.   

Un día 8 de Noviembre de 1983 se despidió de mí, con una gran sonrisa en sus labios, sin que yo llegara a intuir en ése momento que era un adiós, un hasta siempre…

Tal y como cantaba uno de sus cantantes favoritos,  Jorge Sepúlveda, miro al mar y sueño que ella está junto a mi….   

                                 Bajo el palio de la luz crepuscular,
                                 cuando el cielo va perdiendo su color,
                                 quedo a solas con las olas espumosas
                                 que me mandan su rumor.

                                 Ni un lejano barquichuelo que mirar,
                                 ni una blanca gaviota sobre el mar...
                                 
                                 Mirando al mar soñé que estabas junto a mi,
                                 mirando al mar yo no sé qué sentí que acordándome de ti lloré….

11 comentarios:

  1. Cuando se nos va alguien para siempre, la perdemos fisicamente pero como bien dices mientras esa persona sea recordada siempre será parte de nosotros , como bien dices una receta, una sonrisa, cualquier pequeña cosa no permiten recordar a esas persona queridas, nos tenemos que quedar con lo bueno, con los buenos momento vividos, me alegra que publiques de nuevo la receta, desde luego una patatas deliciosas que con el huevo són más completas, las probaré sin duda, bonito homenaje el que le haces hoy,besos

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  2. Qué bonita entrada Toñi, se nota que tu madre era una gran persona igual que ahora lo eres tú, es un precioso homenaje tal como hablas de ella y esa receta sencilla, pero llena de ilusión.
    Besos y muchos ánimos guapa.

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  3. Que emotiva tu historia Toñi.
    Esta receta la tengo que probar, me encantan las patatas.
    Un saludo

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  4. Hola Toñi, venía a ver tu receta tan rica y me he encontrado con este emotivo recuerdo y este homenaje tan bonito que has hecho a tu madre. Yo perdí a mi madre hace seis meses, tuve la suerte de poder estar junto a ella muchos años pero es algo que cuesta superar de todas formas. No hay momento que me acuerde de ella y cuanto más tiempo pasa más la echo de menos. Duele tanto no poder verla, sólo en nuestro recuerdo y en nuestra alma. Pero no sé por qué la siento a mi lado, siento que nos cuida desde donde esté, seguro que sí.
    Mil gracias por tu entrada de hoy, ha sido especial, mil besos!!

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  5. QUe casualidad Toñi, mi madre también bordaba las patatas a lo pobre, recuerdo a mis primos , que muchas veces siendo niños, pasaban los veranos con nosotras, y pedían estas patatas a mi madre.
    Y que casualidad, mi madre murió un 19 de Noviembre, también muy jóven con 56 años.
    "Como una madre no hay ná"
    Un besazo tocaya!

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  6. Toñi, te comprendo. Se de la tristeza tan grande de no poder ver a la persona que te dio la vida y todo su cariño. Yo perdí a mi padre que era un ańgel. Nunca se enfado ,levanto su voz, ni regaño a mi hermana ni a mi. Nos malcriaba pero siempre lo respetábamos y lo queríamos muchísimo. Lo llevo en el corazón.Tu madre muy guapa, la bondad se le ve en sus ojos, te pareces a ella. Las patatas maravillosas, las recetas de las madres son las mejores.
    Besos, Carmina.

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  7. Un post precioso el que le has dedicado hoy a tu madre siempre digo que nuestros seres queridos no se mueren mientras estan en nuestros corazones y tu la llevas cada dia ,me ha encantado la foto que has puesto de ella ,se nota que ademas de ser muy wapa era mujer muy alegre y vital pese a todo lo que le toco vivir en su infancia y tu te pareces mucho a ella.
    Las patatas a lo pobre divinisimaaaaaaaaaas no lo siguiente si te las pilla mi hijo no te deja ni las miguitas para la foto le encantan.
    Como siempre un placer pasarme por tu cocina y dosfrutar de tu maravilloso post y entrada, la receta es de 20 points.
    Bicos mil potita mia.

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  8. Esa forma de hacer las patatas era comun en muchas casas de la posguerra, la epoca pobre pero feliz, hemos ido perdiendo tantas cosas por el camino que da pena recordar tiempos pasados, que si fueron mejores, y madre no hay mas que una, y los guisos y dulces que hacian eran los mejores del mundo, una pena Toñi, pero asi es la vida.
    estas papas se ven divinas y estaran pa morir de gusto, un beso

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  9. No entiendo muy bien la receta si se echan los huevos con todo el aceite ¿no quedan muy aceitosas?

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    Respuestas
    1. Buenos dias....Siento que no entienda bien el proceso de éstas "papas a lo pobre con huevo cuajado" tal y como las he explicado. ¿ha visto Vd. los dos videos?.
      No obstante, lo que pienso es que Vd. cree que al hacerse con abundante aceite, tanto las patatas como el resto de los ingredientes estén con demasiado aceite al servirlas, así puede ser si no escurre bien con una espumadera las patatas al ir sacándolas de la sartén.
      No obstante, tenga en cuenta que el aceite que se usa es de oliva virgen extra, que en Málaga y en toda Andalucia lo encontramos de una calidad excepcional.
      Los huevos se cuajan como cuando se frien....o como cuando se cuajan en agua, por lo que interiormente no quedan con el producto con el que se han hecho.
      No obstante, suelo decir que la cocina es probar, experimentar hasta obtener los resultados a gusto del consumidor.
      Gracias por estar y visitar "Mi Cocina".
      Saludos.

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  10. Hermoso recuerdo a tu madre.. es verdad, si piensas en ella nunca muere.
    Por otro lado, te cuento que las papas con el huevo es una de las combinaciones que mas me gustan. Asi que no me perdere de probarlas de esta forma. Ahora que he vuelto, estoy poniendome al dia con todos los blog amigos. Te incluire en mi pagina asi no te pierdo. Saludos !

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Muchas gracias por visitar "Mi cocina", por escribir un comentario, lo cual me anima a continuar compartiendo lo que se cuecen por mis fogones y lo valoro enormemente.
Si tiene alguna duda o consulta, indiquelo, contestaré lo antes posible.

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