CAZUELA DE ARROZ CALDOSO CON PESCADO Y MARISCOS AL ESTILO MALAGUEÑO
Algunas experiencias de la niñez, quedan grabadas tan profundamente que moldean quiénes y cómo somos, aunque a veces no lo recordemos.
En las tórridas y calurosas tardes veraniegas, con los rayos de Sol aún serpenteando entre las hojas y las ramas de los majestuosos eucaliptos que regalaban algo de sombra sobre la terriza calle de los muertos, mi abuela Maria del Carmen, baldeaba con su apostillado cubo de zinc la parte frente a su casa, por la que acababa de pasar la piara de cabras camino a La Pelusa.
¡ Abuela yo quiero ayudarte ! Y me dejaba meter la mano, sacando entre mis pequeños dedos gotas de agua que esparcía a su alrededor.
Ella era alta, espigada, siempre vestida de negro, con su delantal a cuadros, sostenía el cubo con una mano mientras con la otra, haciendo cuento espurreaba la tierra seca y polvorienta. Me llegaba el olor a tierra recién mojada que invitaba a sacar las viejas sillas de anea donde mi madre bordaba o mecía a mi hermano pequeño, mientras mi abuela no perdía “puntá” del trasiego del paso de los vecinos y de los juegos de la chiquillería en los alrededores.
Mientras, me sentaba en el escalón de la casa leyendo mis cuentos troquelados o los tebeos de hadas que tanto me gustaban. Levantaba mis ojos al paso de la locomotora de carbón, que tiraba a paso lento y cansino de los vagones, expeliendo una espesa humareda negra y envuelta por blanquecino vapor de agua. El tren pasaba a escasos metros, junto por enfrente de las blancas casas de pescadores, iba de Málaga hasta Vélez; mi tio Antonio era el maquinista y nos saludaba con varios pitidos; yo, con mi fantasía intentaba ver las caras de los pasajeros al pasar por el claro entre eucalipto y eucalipto, imaginando sus aventuras, sus vidas y soñando con ir en el vagón.
Así pasaban lentas las horas, burlando el calor del verano para intentar encarar el sueño en la noche.
Mi abuela siguió baldeando hasta que sus años, sus fuerzas y la soledad, al mudarnos a la capital se lo impidieron; se mudó definitivamente a nuestra casa, dejó El Palo y su calle, aunque hoy, echando la vista atrás, siento que ella, en su sillón siguió baldeando hasta que su memoria se apagó, como aquella época que ya no volverá, que en definitiva es el magín de quienes no queremos olvidar.
Como no quiero olvidar aquella pequeña casa encalada, impregnada de ése maravilloso olor que envuelve una casa entrañable, donde mi madre cocinaba y pasaba las horas ayudando a mi abuela.
Cierro mis ojos mientras cocino y una vez más veo a mi madre con su impecable delantal, prenda obligada para ponerse delante de la cazuela. Todo preparado para hacer un guiso, haciendo su refrito con los tomates y pimientos del terreno; con sus ajos y especias machacados en el mortero, su puñaito de arroz y los productos de la mar, los del copo de las playas paleñas. Rematado con trozos de pimientos “asaos” al calor del carbón en el viejo anafre.
Son recuerdos con color, con aromas y sabores de mi niñez. Hoy CAZUELA DE ARROZ CALDOSO CON PESCADO Y MARISCOS AL ESTILO MALAGUEÑO.
¿CÓMOLO HICE?
INGREDIENTES PARA DOS PERSONAS:
Un cuarto kilo de almejas, 150 grms. de pescado blanco (rape, merluza, rosada...), un calamar pequeño, 150 grms. de gambas blancas, un tomate maduro, un pimiento verde (tipo italiano), media cebolla (blanca dulce), tres dientes de ajo, una cucharada de pimentón dulce, unas hebras de azafrán ( o azafrán molido), una cucharada sopera de comino molido, cuatro clavos de olor, dos hojas de laurel, aceite de oliva virgen extra, una patata pequeña, litro y medio de agua, sal, dos puñados de arroz bomba (medio vaso mediano) y un trozo de pimiento morrón asado cortado en tiras.
LOS PASOS A SEGUIR:
Poner las almejas en un cuenco con agua y sal a fin de que suelten la posible arena que puedan traer en su interior.
Cortar el pescado en trozos como de un bocado, comprobando que no tengan espinas. Limpiar el calamar y cortarlo en rodajas (éste paso se lo pueden hacer en la pescadería de confianza). Pelar las gambas quitándoles la piel y las cabezas. Reservar todo.
Lavar bien la verdura y picar en trozos pequeños. Pelar la patata y chasquear en trozos como de un bocado. Reservar.
En un mortero echar los ajos troceados, los clavos de olor, las hojas de laurel, el comino, el pimentón dulce, los clavos y un poco de sal, machacar hasta conseguir una pasta uniforme y lo más fina posible.
En una sartén con el aceite de oliva virgen extra, a fuego medio, pochar el pimiento, la cebolla y el tomate. Cuando esté el refrito a medio hacer añadir la pasta de las especias, remover bien, dejar unos minutos y apartar del fuego.
Echar el refrito al vaso de una batidora y a potencia máxima dejar una crema lo más fina posible. Reservar.
En una cacerola echar el agua e introducir los trozos de calamar y las patatas, cuando comience a hervir, quitar la espuma, e incorporar el azafrán molido. Incorporar la crema del refrito pasándola por un colador, añadiendo a continuación el arroz.
Dejar cocer unos quince minutos (el arroz estará al dente aún), y pasado ése tiempo incorporar el pescado, las almejas y las gambas. Salar al gusto.
A la hora de servir, en cada plato, poner tiras de pimientos asados.
Última receta de éste mes de Agosto del 2026, y como dice la canción: Cuando llegue Septiembre todo será diferente. ¡¡ O no !! Feliz verano.
















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