martes, 10 de marzo de 2015

LUBINA ASADA EN PAPILLOTE RELLENA DE LANGOSTINOS, ESPARRAGOS, CHAMPIÑONES, PASAS Y PIÑONES



Suena el despertador a pesar de ser Domingo, era las ocho de la mañana; un Domingo cualquiera de aquel mes de Agosto, miro por la ventana y a lo lejos puedo ver la mar, está en calma y los árboles de alrededor me hacen comprobar que no sopla nada de viento.

Bajo a la cocina y como una autómata pongo en marcha la cafetera, coloco el pan en el tostador y el inconfundible olor a café y a pan recién tostado despiertan mis sentidos, sustituyendo el sueño por el ánimo y el deseo de salir enseguida para la playa.

Termina de despertarme sus saltos por la escalera, bajaba ilusionada con su pequeño traje de neopreno ya puesto, sus aletas en la mano, en su cabeza como si de una felpa se tratara había encajado sus gafas de buceo de la que colgaba el tubo dándoles golpes en la mejilla.   

Venga…¡¡¡ vámonos….ya estoy lista !!!!  Tranquila, le contesté, desayuna, tómate tu vaso de leche, tus tostadas con aceite….que el mar no se va, la playa no la cierran.  
Aún no tenía siete años y era inevitable que más temprano que tarde, quisiera su propio equipo de buceo, algo imposible de conseguir para un cuerpo tan pequeño, aunque la solución la encontré en los trajes de windsurfing.

Llegó la hora y ponemos rumbo a la playa, buscando siempre los roqueos.   El trayecto es corto pues las calitas quedan a menos de veinte minutos de casa, donde aún, a pesar de la presión del ladrillo, quedan pequeñas zonas donde el mar aún resiste el deterioro de la mano del hombre.     

La mala fortuna o quizás fue la fortuna, hizo que días anteriores un famoso hotel hubiese intentado “rellenar” la pedregosa orilla dragando arena con un sistema de bombeo mediante tubos que transportaba dicha arena desde bancos mar adentro, removiendo los sedimentos y todos aquellos pequeños animales que sirven de alimento a los peces: lombrices, pequeñas almejas, coquinas, navajas y toda clase de bivalvos.

Por lo que no sólo acudían los peces a saborear las delicias de los roqueos colindantes, sino que se acercaban al mismísimo rebalaje procurando aprovechar tantas delicias como removía suavemente las pequeñas marejadillas.

Me preparo con mi equipo de buceo y ella ya preparada, sentada en la misma orilla mira al horizonte, al azúl del mar y me imita, escupe en sus gafas, coloca el tubo en la correa, se coloca esos guantes pasados, llenos de agujeros que tantas veces usé yo descubriendo los fondos marinos; ella me imita, nos ponemos las aletas, limpiamos las gafas y las ajustamos a nuestro rostro al unísono.

Son las diez de la mañana, aún está el agua fría, pero clara, limpia y transparente; nos dejamos deslizar suavemente, cogidas de la mano.      

¡¡ Ni en mis mejores sueños me hubiera imaginado que ése mar que tanto quiero, por el que siento pasión, me regalaría el vivir ésa experiencia: la primera inmersión de mi hija, disfrutar y comprobar como descubría ése gran espectáculo de la vida submarina !!

Nos vamos adentrando en la mar, aleteando suavemente, tal y como le enseñé, para no espantar los peces….ella cogida fuertemente de mi mano, la miro a los ojos, los abre tanto que casi sus pupilar parecen ocupar toda la superficie de las gafas; le pregunto con la mano si todo va bien, haciendo la señal de los buzos: un redondel con el dedo pulgar e índice y los otros dedos rectos….ella me contesta que sí, haciendo movimientos con la cabeza…

Va cogida fuertemente de mi mano dándome apretones y tironcitos, señalándome con el dedo cada vez segundo, bien porque ha visto algún pez, un alga, algo que se mueva le llama la atención…

Abre aún más sus bonitos ojos viendo por primera vez las herreras, las viejas, las coloridas doncellas y se sorprende al ver los sargos y las doradas comiendo entre los mejillones y erizos, que bailan al mismo compás que las anémonas y las innumerables algas; bailan al son de las corrientes que van y vienen entre la espuma de las olas.

Alucina viendo los pequeños bancos de boqueroncitos y jurelitos, cuando me da un pequeño tirón al ver pasar una lubina ¿O era un robalo? Rápidamente detrás de los pequeños boquerones.

Seguimos deslizándonos por la superficie, como si estuviésemos volando sobre un bosque de un cuento de hadas, cuando de pronto, mimetizada, inmóvil distingo una jibia; ella no la ve, no puede distinguirla, intento soltarme de su mano para bajar y noto su miedo en su mirada, los ojos muy abiertos me pedía que no la soltara….consigo tranquilizarla dejándola flotando un segundo y con un golpe de riñón, bajo consiguiendo que el animal se mueva….ella sigue alucinando cogida ya de mi mano.

En los bancos de arena, un grupo de salmonetes remueven el fondo con sus bigotes, otro un poco más alejado estaban quietos, como dormitando y no se espantan, estaban como embriagadas quizás de tanto comer…..

Todo ése espectáculo de vida y color por todos sitios, lo veíamos desde arriba; eran sus primeras imágenes submarinas,….y no sentía miedo alguno.    

 en la misma orilla....los pequeños pulpos nos miran a los ojos, quizás tan sorprendidos como ella, estudiándose mutuamente, sin temor alguno....
Mi niña no quería salir del mar aunque empezaba a sentir frio y sus labios que aguantaban el tubo comenzaban a temblar y a cambiar de color……pero hay que volver a la playa, a nuestra playa que ya se va llenando de bañistas, de niños que juegan en la “innatural” arena sacada inutilmente del fondo del mar (Con el tiempo el mar se llevará lo que es suyo y volverán las piedras y las rocas a ser escondrijo de sus habitantes).

Sentada en la orilla miro a mi niña aún absorta con las maravillas que acaba de dejar atrás y escucho las voces de los chiquillos, incluso a sus madres señalando a mi hija….¡¡ Mira mamá, el buzo es una niña muy pequeña….!!

Han pasado unos quince años desde entonces, ella, ha heredado mi traje de buceo…..quizás como me ocurre a mi, en su ser, en su cuerpo tenga incrustrado el salitre de la mar, de ése mar que baña las playas malagueñas.

Hoy, preparando una lubina (una baila o un robalo), me viene a la memoria mis momentos de buceo, ésos ratos maravillosos que sin lugar a dudas son regalos que me da la vida, sin los que no podría vivir.
 
¿Cómo la he hecho?  Rellena, en papillote…al horno.  Sencillamente deliciosa.

Ingredientes para dos personas:

Una lubina grande, seis langostinos, seis espárragos verdes, dos champiñones, una cebolla pequeña (tipo cebolleta fresca, la parte blanca), seis cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra (en ésta ocasión de Morón, Periana…malagueño), un puñado de uvas pasas (de la Axarquia malagueña) y otro puñadito de piñones, medio limón, sal y papel de aluminio.

Los pasos a seguir:

Pedir al pescadero que abra la lubina y la prepare para el horno quitándole la espina central (como dirían los antiguos hombres de la mar, los marengos malagueños: la raspa).

Precalentar el horno a 180º C, mientras:

Cortar la cebolla en trozos finos y alargados. Los champiñones lavarlos y secarlos con papel de cocina, cortándolos posteriormente en láminas (se suelen encontrar ya laminados en los supermercados).

En una sartén echar la mitad del aceite y pochar a fuego lento la cebolla salando previamente; una vez que esté transparente añadir las láminas de los champiñones, dorando tanto la cebolla como los champiñones durante dos minutos, con cuidado de que no se lleguen a quemar.  

Pelar los langostinos.

Poner el papel de aluminio dentro de una fuente especial para hornear.

Colocar el pescado sobre el papel de aluminio, salar al gusto.

Echar sobre uno de los lados del pescado la cebolla y los champiñones repartiéndolo a lo largo del pez.

Colocar encima los langostinos intercalándolo con los espárragos. 

Añadir las pasas y los piñones, regar con el zumo del limón y el resto del aceite, un poco de sal colocando con cuidado el otro lado de la lubina encima del relleno, cerrando el papel de aluminio de forma envolvente.



Meter en el horno y dejarlo durante unos veinte minutos aproximadamente (va en función del tamaño del pescado).



Sacarlo del horno y abrir con cuidado el papel de aluminio.


Servir repartiendo cada parte de la lubina y del relleno para ambos comensales.


El mar…siempre la mar.

4 comentarios:

  1. Qué relato tan bonito, qué experiencia tan grata fue para ti y para tu hija esta primera inmersión bajo el mar.
    Has preparado la lubina de una forma muy rica. No suelo hacerla así porque me da la impresión que se va a romper y a salir el relleno por todas partes.
    Besos.

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  2. Muy bonito relato Toñi, los niños suelen heredar los gustos de los padres, y esa lubina esta pa chillarle de buena, con todo lo que lleva debe ser una delicia, un beso guapa

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  3. Uummmmmmmmmmmmmmmm babeando me tienes me encanta la lubina asada y asi con ese relleno se ve de relujo y seguro sabia mejor.
    Como siempre un placer venir a visitarte y dusfrutar de tus maravillosos post y receta.
    Bicos mil wapisimaaaaa.

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  4. Qué gusto me da entrar en tu cocina, ahora ya, como Pedro por la suya. Muy buena receta, Toñi, pero lo que más me ha gustado es que casi he tenido la experiencia de bucear. Tu cocina siempre huele a fogones ricos pero, sobre todo, huele a sal y biznagas. Gracias y un beso muy grande.

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Muchas gracias por visitar "Mi cocina", por escribir un comentario, lo cual me anima a continuar compartiendo lo que se cuecen por mis fogones y lo valoro enormemente.
Si tiene alguna duda o consulta, indiquelo, contestaré lo antes posible.

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