jueves, 20 de abril de 2017

ENSALADA TEMPLADA DE AGUACATE CON LANGOSTINOS AL AJILLO



Leí en una ocasión de que el color verde influye anímicamente y provoca una sensación de paz y bienestar, de calma y armonía; rodearse de verdor refresca los sentidos y el alma.

Según los expertos y estudiosos de la cromoterapia, el verde es un color capaz de hacer a las personas felices, porque recuerda los tonos la naturaleza.

Sí, es primavera…..todo a mi alrededor me lo recuerda cada día, está todo el paisaje lleno de verdor y ello me alegra, me anima, me hace sentir viva, renovada como toda la naturaleza que me rodea.    Tengo la fortuna de vivir en una zona donde no predomina el hormigón ni el cemento, donde no hay prácticamente edificios y que el color que predomina es el verde de las montañas, de los árboles, de los amplios y frondosos parques y jardines.

Un lugar desde donde puedo divisar la Bahia de Málaga y en el horizonte el azul de la mar.     
Miro al horizonte mientras sigo mi camino diario, voy escuchando el canto de infinidad de pájaros y observo como la primavera despunta con fuerza, con su luz, su color y las fragancias que nos regalan la multitud de flores que brotan en todo tipo de árboles, arbustos y plantas.

Me siento libre, feliz y agradezco la sinfonía que la naturaleza me regala con su batir de hojas, el suave viento que silba y el gorjeo de los pájaros….momentos maravillosos en el que me encuentro en armonía con la naturaleza que me rodea.

Me encanta pasar por los solares y terrenos aún vírgenes donde crecen de forma espontánea, efímera e inesperada las grandes margaritas blancas, las llamadas “manzanilla loca” que suelo recoger en ramillete para colocarlas en un jarrón, a su lado las flores rosas de las malvas, los tréboles, las amarillas y alegres vinagretas o las rojas amapolas atraen a cientos de insectos entre ellos preciosas mariposas que revolotean alegres a mi paso.

Conforme me acerco a casa disfruto con los árboles a los que voy reconociendo, a las falsas acacias, los tilos,a los que casi saludo y me alegro de ver, a los ciruelos rojos (originario de Persia y de flores tan hermosas que a finales del siglo XIX muchos viveros de Europa comenzaron a extenderlo por toda clase de áreas urbanas cultivadas por la mano del hombre), algunos olivos de troncos añosos, viejos y serenos.       Miro a “mi” viejo algarrobo cada día más caído y los elegantes cipreses más estirados y altos que nunca.

El toque de alegres colores lo ponen los preciosos árboles del amor (o de Judea) todos en fila, alineados, como dirigiendo y señalando el camino que nos lleva hasta la playa; están en pleno apogeo, repletos de flores rosáceas que dan el toque de color al gris y triste cemento de la carretera.      

Cruzo y me encuentro con los tupidos ficus que dan sombra y verdor a la entrada de mi calle antes de llegar a la mediana repleta de rosas rojas a las que les da sombra el viejo sauce llorón.        En la fuente de la pequeña plaza los pensamientos, rosas y flores llamadas “pacifico” que más que flores parecen aves del paraíso dan su toque de color al verdor del cesped.     El frescor del agua aún anima a los naranjos que llenan las aceras del aroma a azahar.

Llego por fin a casa, no sin antes mirar la altísima araucaria rodeada de los inmensos y viejos nogales que la rodean, mientras que me admiro de los árboles frutales en los porches de mis vecinos, unos cargados de nísperos, otros de limoneros, plataneras con grandes racimos aún verdes,  perales dando sombras a los jazmines que empiezan a estar frondosos, boungavillas, rositas de pitiminí, damas de noche…y en mi porche los geranios junto con las gitanillas me dan la bienvenida aportando color y alegría en mis propias ventanas. 


Ha llegado el buen tiempo y los huertos siguen dando sus frutos y el verde que siempre inunda mi cocina llega tambien a la mesa: ensaladas a base de brotes, verduras, hortalizas y frutas de temporada que dan un color especial a mis platos: el verde.

Hoy una ensalada templada de aguacate, fruta y verdura a la vez….concretamente de aguacate Hass que se cultiva en la comarca de la Axarquia malagueña.

Este tipo de aguacate se reconoce fácilmente por su piel gruesa y rugosa, bajo la cual nos regala su deliciosa carne, con una textura cremosa y un sabor que recuerda los frutos secos.   Aguacates con “Sabor a Málaga”.

Es fácil de preparar y rica, rica, rica....

¿Cómo la hice?

Ingredientes:

Dos aguacates pequeños, seis langostinos, medio limón, dos dientes de ajo, hojas de lechugas variadas, una guindilla pequeña (pimiento chile), medio vaso pequeño de aceite de oliva virgen extra y sal.   (Me encantan los aceites de mi tierra, malagueños)

Los pasos a seguir:

Pelar los langostinos, desechar las pieles y las cabezas, Reservar la carne.  Pelar los ajos y cortarlos en láminas.

Pelar los aguacates y cortarlos en trozos alargados.

En un plato colocar las hojas de las diferentes lechugas baby, y ayudándose de un aro, rellenar éste con las rodajas de aguacate.   Salar al gusto y aderezar con el zumo de limón.

Mientras en una sartén echar el aceite de oliva y ponerla al fuego, cuando esté caliente añadir los ajos laminados, el pimiento chile y los langostinos,

 salar al gusto dejando freir con cuidado de que no se doren los ajos.

Cuando estén listos, apartar del fuego y con unas pinzas ir colocando los langostinos en el hueco de los aguacates, en el centro y retirar el molde con sumo cuidado, procurando de que no se desmorone, aunque si fuese así, es cuestión de estética, no altera lo más minimo el sabor. 

Echar el aceite, aún caliente, por toda la superficie de langostinos y aguacate.

¡¡ Vive la primavera, disfruta de la vida y de la gastronomía.....y si pueden no lo duden: también de Málaga !!

martes, 18 de abril de 2017

ROSADA A LA GALLEGA



Es temprano, no hay mucho tráfico y las calles aún están tranquilas, aunque no hay que dormirse en los laureles porque el problema quizás sea encontrar aparcamiento. 


Los primeros rayos de Sol y la cálida brisa de la primavera animan a los malagueños a bajar hasta la playa, a pasear por el rebalaje e incluso a realizar ejercicios en los múltiples aparatos destinados para ello en todo el litoral, en el mismísimo Paseo Maritimo.    Es Sábado y el día se presenta luminoso, radiante y ello me anima aún más para aprovechar la mañana y disfrutar como si de un acto lúdico, divertido, que lo es para mí, ir a comprar pescado al mercado de Huelin a primerisima hora de la mañana.     

Es posible que algunos puestos aún estén preparando y exponiendo su mercancía, algunos de sus comerciantes, hombres y mujeres curtidos en la batalla diaria por la supervivencia, ya llevan horas en su tarea, muchos desde la madrugada por lo que es habitual a ésa hora de la mañana verles dando sorbos al vaso de café mientras bocean sus géneros haciéndose escuchar por los, como yo, madrugadores clientes que revisamos cada mesa.

Así cada semana, me desplazo a pesar de la distancia, hasta “mi” mercado; un mercado al que me gusta entrar por las puertas de atrás, por las pescaderías; mercado de barrio que vive principalmente de sus vecinos, o de las familias que nos acercamos desde distintos puntos de la capital malagueña buscando calidad y tradición.

No hay que olvidar que la zona de las playas de San Andrés, Huelin o la Misericordia no sólo eran huertas, o barriadas de obreros unidas a las florecientes industrias de principio del siglo XX; era también barrios populares marineros que vivían de cara a la mar, mirando el mar y la mar miraba sus humildes casas, a sus barcas, a su gente……gente de vocación marinera siempre estuvo ligada a la pesca. (En éste enlace pueden leer su historia y origen de éste barrio malagueño)  

Las playas de Huelin era uno de los puntos más concurridos a la hora de comprar pescado para los malagueños, la zona era un hervidero de gente en torno a pescaderos ambulantes y puestos callejeros, con instalaciones precarias que se arremolinaban en la misma playa. 

Hasta el año 1977, no se abrió y se inauguró su mercado, un lugar, de los pocos que han quedado que aún guarda la esencia de los antiguos mercados populares de Málaga.

Siempre consideré que no hay mejor forma de conocer la cultura gastronómica de un lugar que visitar los mercados y Huelin a pesar de que su emplazamiento queda alejado del casco histórico malagueño, de vez en cuando se observa algún que otro turista afanándose en inmortalizar los productos de algunos de los establecimientos.  Y observo que como siempre son los pescados y mariscos los que más llaman la atención.    No hay que olvidar que hoy en día se ha vuelto una de las atracciones fundamentales de quien visita la ciudad: los mercados.

Emblemáticos emplazamientos que son una amalgama de cultura, gastronomía, historia y ambiente social, lugares vivos, coloristas, multitudinarios y sorprendentes, pilares fundamentales de la sociedad, donde el bullicio, los productos, las costumbres e incluso la gente, son pequeñas partes de la evolución histórica.

A mi personalmente me encanta, me apasiona y me resulta mágico ir a la compra, disfruto sobremanera con los puestos de las pescaderías, saludo a los pescaderos que ya me conocen desde hace años, observando su maestría a la hora de prepararlos, de cortarlos, de limpiarlos, comparar, admirar sus formas y por supuestos comprar, máxime que voy siempre en la compañía de mi marido, ése ser maravilloso que tuve la gran suerte de que la vida le pusiera en mi camino.     

Hay muchos y buenos puestos de pescado en Huelin donde encontrar todos los "pescaitos" de la Bahia de Málaga: boquerones, sardinas, jureles y demás variedades propias de las costas malagueñas; así como mariscos, cefalópodos no sólo de nuestras costas, sino incluso traídos de otros puertos andaluces como Huelva o Almería.    

Entre ellos uno en especial especializado en grandes pescados azules: atún rojo, salmón salvaje de Noruega, pez espada de Alborán, en ocasiones cazón de Cádiz y rosada salvaje que llega a Málaga desde las costas Africanas.     Todo fresco, de gran calidad y cortado con maestría. Verles manejar el cuchillo, “ronquear” los grandes atunes es todo un espectáculo.
Es allí, donde siempre compro el atún, el pez espada,

también el salmón y la rosada, en el puesto de "Salvador". En ocasiones le pido que le deje la piel, cosa poco o nada habitual…

me divierte ver las caras de asombro que suelen poner las personas que me rodea, todo hay que decirlo…e incluso hay veces que me preguntan qué para qué o como la preparo con piel.    Hoy les indico una de las recetas y viendo el color del pescado, podrán comprender por qué se le llama “rosada”.

La “rosada” (nombre científico Genypterus capensis)  que encontramos en nuestros mercados malagueños, que solemos denominar “fresca” es un pescado que no habita en nuestros mares, que se han pescado en las costas africanas, en la zona de Namibia e incluso en Sudáfrica y que llega decapitada y eviscerada, congelada pero con su piel, por lo que a la hora de su venta no ha perdido textura ni calidad.

Bien es cierto que se puede encontrar en “congelados” ya troceada, sin piel y envasados, yo nunca la compro así, personalmente no lo consumo, no me gusta en absoluto; la rosada, al igual que el salmón, el bacalao o la merluza, pescados todos ellos cuya carne se separa en láminas, no son los más adecuados para este sistema de conservación porque su carne se ablanda y pierde jugos tras la descongelación.

Acostumbrada siempre a comer pescado “fresco”, la única forma que me resulta “natural” la rosada, es tal y como se suele vender en los mercados de Málaga, y que conozco desde que tengo uso de razón (de hecho tengo conocimiento de ello gracias a que mi tio Antonio, hermano de mi madre, era patrón de un barco pesquero, su hermano mi tio Pepe era su segundo de a bordo).   A su barco, que llegaba hasta las costas africanas, hasta Agadir…le llamaban en los años 60, al “Mari Feli” y le apodaban los marineros “el submarino”.


La rosada es un pescado que vive cerca de los fondos marinos, a unos 300 metros de profundidad.  El aspecto de la rosada recuerda al del congrio y dependiendo de si es hembra o macho, puede alcanzar un peso de 4 kilos y una medida de un metro aproximadamente.   Las que encontramos en los mercados suelen pesar un kilo y medio aproximadamente, a un precio de 10 a 12 Euros el kilo.

Es un pescado blanco de excelente sabor, su carne es tersa, sabrosa y con una particularidad, no tiene casi espinas, lo que hace que sea un pescado ideal para los niños.  Es extraño para mi comprobar como la mayoría de las clientes desechan las espinas, cuando con ellas se prepara un delicioso fumé o un caldo base para cualquier receta de pescados (nunca digo que no cuando mis pescaderos me las ofrecen)


La rosada, generalmente admite la mayor parte de las preparaciones clásicas de la merluza, una delicia frita o en adobo, al limón, a la plancha, incluso en sopas tradicionales...por todas sus características nunca falta en “Mi Cocina”….

Hoy la he preparado a la gallega.


¿Cómo la hice?

Ingredientes para dos personas:

1 lomo de rosada (unos 450 grms.), 3 dientes de ajo, dos guindillas pequeñas (pimientos chiles), una cucharada de pimiento molido (pimentón), sal y medio vaso pequeño de aceite de oliva virgen extra.

Para acompañar:
Una patata grande, agua y sal.
Los pasos a seguir:

Pelar, lavar y cortar la patata en cascos.

En una cacerola ponerla a cocer sumergiéndola en agua ligeramente salada, aproximadamente durante unos diez minutos (irá en función del tamaño de los trozos), 

pasado éste tiempo, pinchar para comprobar que están bien cocidas y retirar del fuego, manteniéndolas calientes.

Pelar los ajos y laminarlos. Reservar.

En una sartén echar un chorreón de aceite de forma que toda la superficie esté impregnada.    Poner la sartén a fuego fuerte y cuando comience a humear colocar la rosada por la parte de la piel, dejándola hacer unos minutos, hasta comprobar que está dorada.


Darle la vuelta con cuidado de que no se rompa el trozo,

Dejarlo hacer uno o dos minutos y volverle a dar la vuelta.

salar al gusto, bajar un poco el fuego y dejar unos dos o tres minutos (el tiempo irá en función del grosor del pescado), hasta que se haga de forma que quede jugoso y en su punto.

Mientras se hace el pescado, echar el aceite en una sartén, agregar los ajos fileteados, el pimiento chile y freir con cuidado de que no se quemen.
 Cuando los ajos estén dorados, retirar del fuego  y añadir el pimentón.

Agregar un pelín de sal, remover a fin de que se integren todos los ingredientes.


Emplatar el pescado, colocar las patatas cocidas al lado y salsear aún el aceite caliente, con generosidad.

 ¡¡ Buen provecho !!

lunes, 10 de abril de 2017

RESTAURANTE EL LAGO (Estrella Michelin) - CATA DE QUESOS ARTESANOS



La Costa del Sol es conocida por sus playas, su clima, los espetos de sardinas, los boquerones, las “coquinas”, las gambas…  pero pocas personas saben que la provincia de Málaga cuenta con la mayor concentración de ganado caprino de Europa, con más de 1.500 ganaderías de este tipo, que producen más de 100 millones de litros de leche al año y, aunque la mayoría (90%) se vende fuera de la provincia (Francia es un importante receptor de leche de cabra malagueña con la que fabrican sus afamados quesos), dando lugar a que en la provincia de Málaga haya queserías artesanales donde elaboran unos quesos de excepcional calidad.

El pasado día 5, tuve la gran oportunidad y el privilegio junto a un grupo de bloggers y periodistas de asistir y disfrutar de una exclusiva cata de los mejores quesos artesanos, sobre todo de cabra y algunos de oveja producidos en Málaga y el norte de Cádiz en ése enclave maravilloso el Restaurante El Lago en Marbella. 

Una degustación documentada y explicada mediante una gran master-class, con todo lujo de detalles, pedagógica e instructiva a cargo de su Director, Paco Garcia, un gran experto en quesos artesanos andaluces.

Escuchar a Paco es sentir pasión por ésos productos y por los productores que luchan cada día para ofrecer el mejor queso, contagiándonos su compromiso con la mejor materia prima local, productos ecológicos que nos hacen recuperar  sabores olvidados y rememorar aromas del pasado.
Paco Garcia preparó una gran tabla de quesos, más de quince diferentes, demostrando que todo lo hecho con pasión se convierte en algo realmente extraordinario, el Restaurante cuenta con los mejores quesos artesanos de Andalucia y de su mano, defendiendo, promocionando ésos deliciosos quesos, los lleva a lo más alto de la gastronomía, a los fogones y a las mesas de El Lago.

Toma la palabra y nos hace una breve introducción de lo que vamos a degustar, mientras va preparando con mimo cada trozo de los quesos que vamos a degustar impregnando aún más si cabe el ambiente de los aromas que desprenden los quesos y que nos embriagan los sentidos. 

Nos traslada a las montañas, al campo, a los bosques malagueños, a los sótanos de las viejas bodegas, de los blancos caseríos donde manos expertas ordeñan a las cabras para preparar bocados angelicales.

Nos cuenta que:

Los quesos artesanos en Andalucia es una potencia, sobre todo los quesos de cabra autóctona, de la cabra malagueña ante todo, aunque también de otras tres razas que existen en la zona, la payoya, murciana y florida.  

Estos animales se alimentan fundamentalmente “pastoreando” en el campo, donde abunda el tomillo, el romero, la retama, la encina, la jara, y cuando se quedan en la granja, son mimadas y cuidadas de forma casi familiar en patios enormes, nada de corrales minúsculos y masificados.  Su alimentación es a base de cereal y leguminosas, como la avena, las habas secas, algarroba, o bien de alfalfa y paja que producen en la misma finca.  (Foto cedida por Carlos Serrato)

Es en éste momento cuando me afloran los sentimientos, se me empañan los ojos, me vienen los recuerdos de las historias que me contaba mi padre,  cuando con ocho o diez años cuidaba una piara de cabras cuando no estaba en el colegio, (en ésta entrada, en ésta receta de chivo malagueño lo cuento) él sólo por los montes de Alhaurin de la Torre, de hecho cada vez que miro a la montaña, le veo…..con su honda, su zurrón colgado, tras la pequeña piara de cabras subiendo hacia Jabalcuza, por la explanada llena de olivos, andando por la senda que le introducía en la preciosa Sierra de Alhaurin de la Torre.      
Me llegan los aromas de los quesos y me trasladan a mi más tierna niñez, cuando por las calles de El Palo, barriada marenga donde nací, el padre de mi padrino pasaba a finales de los años 50 con su piara de cabra, ordeñando en la misma puerta ésa deliciosa leche que mi madre hervía para desterrar “la fiebre malta”.

Cierro mis ojos consciente de que he viajado en el tiempo con ésos aromas que quedaron grabados en mi memoria, que me recuerda quien soy, como soy y de donde provengo.      

Mientras escucho como Paco nos hace saber como se van recuperando las costumbres de antaño, ésa profesión de cabreros y queseros que en gran medida ha ido pasando de generación en generación, personas implicadas con el entorno natural, apasionadas por una profesión muy dura, difícil, en condiciones generalmente muy adversas (no hay que olvidar que las cabras se alimentan de pastos naturales, que con ello se contribuye al cuidado de los montes, manteniéndolos limpios, disminuyendo el riesgo de incendios), consiguiendo una gran calidad de la leche, un sabor extraordinario, con el objetivo de elaborar unos quesos de una calidad excepcional.

Quesos elaborados en una treintena de queserías elaborados con leche cruda o pasteurizada, curados o semicurados, cremosos o con cortezas aromáticas.  Diferentes variedades con matices inigualables que tienen los aromas y sabores de antaño, que saben a jara, a tomillo, a romero….ya que el sabor lo da la alimentación del animal.   Ahí está el secreto de éstos quesos en lo que comen, en la grasa de la leche que le aporta riqueza, leche que tiene que ser ordeñada del día y en las manos que lo realizan; quesos de corteza natural, sin pinturas ni ceras, por lo que los quesos van “respirando” e incorporando aromas y matices que harán de él un producto único.   

Por ello Paco Garcia en El Lago potencia los quesos cuya elaboración es absolutamente artesanal, elaborados de manera natural, con un ganado que se cuida día a día y nos hace ver que el mundo del queso es tan o más complicado que el mundo del vino.

Amablemente, con toda la paciencia y amabilidad, se presta a una sesión de fotografías, sobre todo con los que por otros compromisos, no pudieron quedarse a toda la cata, como le ocurrió a mi admirado Enrique Bellever. 

Comenzamos la cata y el primer queso con el que nos sorprende es un “queso fresco”, sin curación ni corteza, con una poderosa personalidad, con agradables notas a leche fresca, suave, con toques cítricos y notas de hiervas frescas.

En éste momento alguien preguntó cómo maridar éste queso, alguien dijo que con un vino blanco, a mí se me apetecería con un vino dulce, un moscatel y Paco tuvo un detalle que me encantó, algo de lo que yo quería hablar en el blog y no me he atrevido (todo hay que decirlo), dijo: “El maridaje es cuestión de sentido común”.     Me quedo con ésta frase.

El segundo queso está preparado con coberturas naturales, uno con pimentón, otro con hiervas aromáticas, otro con pimienta……realmente fantásticos, espectaculares; he de reconocer que uno de los que más me han gustado.

Nos sorprendió con un queso azul semicurado, con moho cultivado de leche pasterizada de cabra. Hace seis años fue la primera vez que se elaboró éste queso, uno de los pocos de queso azul de cabra que hay en el mercado; rompió el mercado del queso azul ya que siempre éste tipo de quesos era realizado con leche de vaca.   Pensé en un principio que no me gustaría (debo reconocer que no me gusta el queso azul) y he de reconocer que está sencillamente espectacular, delicioso.

Fuimos pasando a quesos un poco más curados, cremosos, largos de sabor, con cobertura de moho, hongo, natural.  (Más de quince, casi llego a perder la cuenta, por lo que detallarlo uno a uno sería demasiado largo.....)

A quesos de pasta blanda, neutros de sabor, pero no menos deliciosos.

Me maravilló un queso preparado con leche de la zona de Bolonia (su nombre Torta del cabrero de Bolonia, de producción muy pequeña y limitada), animales que pastean de noche, de un sabor intenso, profundo, espectacular. 
 A curados, incluso empaquetados en cajas con lazada rústica....

Privilegio el disfrutar de un queso desconocido, único y exclusivo: un tipo gouda, de Rota (Cádiz), un queso curado que nos recuerdó a los quesos holandeses y franceses, de una gran calidad, con una textura de cristal con sabores dulzones que nos recuerda a “toffe”…..
Hemos disfrutado de quesos realmente fantásticos, con notas lácticas a leche fresca, ligeramente dulces algunos, salados otros, con diferentes texturas: cremosos, firmes, elásticos,inclusive algunos neutros de sabor; con cortezas enmohecidas, quesos de pasta blanda, ecológicos, de producciones limitadas e inclusive producidos especialmente para el Restaurante El Lago…..como ésta “torta de cabra”, una rareza, sutil, cremoso que empieza a licuarse de dentro hacia afuera, que se licua en boca.
Otro privilegio el conocer ésos quesos de leche cruda de oveja curado en manteca de cerdo, con más de dos años de curación.

O envuelto en manteca y en salvado…..riquisimo, espectacular.

Quesos de verdad, probablemente entre ellos, algunos de los mejores quesos de España (y no es pasión, así nos lo hace ver Paco), en parámetros de calidad, están en lo más alto. 

Lo dicho: he tenido la gran suerte de probar 15 quesos artesanos, algunos de ellos exclusivos, únicos….en un mismo día.

Continúa con la presentación y nos hace ver la influencia que los quesos tienen en El Lago, de la altísima calidad de los quesos que se pueden degustar en el restaurante.

¿Cual elegiría? ¡¡ Me quedo con todos !!

Y nos indica cómo la altísima calidad de los quesos de ésta parte de Andalucia se introducen en sus platos, en los que pueden llegar a ser en gran medida protagonistas de las recetas, donde la mejor materia prima se une con la maestria de un jovencísimo y genial Chef  Juan José Carmona

El Restaurante El Lago, sigue apostando por productos de altísima calidad como eje de su creación culinaria y así lo pudimos comprobar con el almuerzo, llenos de elegantes y coloridos platos, verdaderas delicias para el paladar que nos sirvieron a continuación de la cata de quesos, Paco nos sigue atendiendo personalmente, pendiente del más mínimo detalle, encargándose de hacernos sentir como en casa.

Agrada saber que el pan es "casero", de hecho El Lago cuenta con elaboración propia, diaria, con un compromiso de sabores y recetas casi olvidadas, un pan ecológico, con harinas ecológicas de trigo, de centeno, quinoa y kamut.

con una gran diversidad de panes como pudimos comprobar en la cata de quesos.

Nos sorprende muy gratamente con unos molletes de harina de Kamut para arrancar nuestro almuerzo.    Estos molletes artesanos, son ideales para “mojar” con los aceites de oliva virgen extra malagueños: Finca La Torre, La Oliva Roja y La Laguna de Fuente de Piedra.

 Nos sirve el almuerzo con un gran vino, con la nueva añada 2016 de Cloe, que por cierto está fantástica, elegancia, ligereza y frescura. Es un vino sabroso, rico en sensaciones. Un blanco muy especial, con un bonito color amarillo brillante con ribetes dorados.  En nariz es intenso con aromas frutales y cítricos, un gran chardonnay de las bodegas rondeñas de Chinchilla, de producción muy limitada.

Para a continuación disfrutar de los sabores más exquisito de Málaga. En primer lugar con un clásico de El Lago, todo un espectáculo ante los ojos, y cuya mezcla de sabores logra la perfección.    Tomate del terreno semi seco colocado majestuosamente sobre una nube de queso de cabra de Coin, membrillo, pesto de rúcula y praliné de frutos secos.

Plato que nos hizo disfrutar rememorando la primavera, que nos trasladó a los veranos malagueños, a las huertas del Guadalhorce que nos trajo a nuestra memoria con cada bocado, los sabores y aromas de la niñez.
A continuación, nos deleitaron con un pescado, rodaballo concretamente ¿Quién me iba a decir que al pescado le va genial el queso?   Pues sí, el queso le aportó al delicioso rodaballo unos matices muy sutiles.   

Francamente, recordar éste plato tan delicado, lleno de sabor a mar, a campo, de texturas increibles: Rodaballo con escamas de tinta sobre picada de queso con coco y frutos secos, con puré de patatas al aceite de oliva virgen extra…… es confirmar una vez más la genialidad de éste gran restaurante.
Y por último, de nuevo el aroma y sabor nos hacen retroceder en el tiempo, el broche final en tan fantástico día, en la cata de quesos artesanos, lo puso éste postre, todo un espectáculo ante los ojos, y en boca, la mezcla de sabores logra la perfección, una tarta de queso de leche cruda, de cabra malagueña, una verdadera delicia. 

Lo acompañamos con un vino dulce de Málaga.    Un auténtico lujo.

El broche de oro, un café, una infusión en un marco incomparable, disfrutando de un paisaje de extraordinaria belleza, en la terraza, mirando al lago, al Green, un entorno único.   Un lugar al que sin lugar a dudas tendré que volver para disfrutar de ésos aromas y sabores de toda la vida, la cocina andaluza, cocina que reinventan y elaboran con arte, con maestría y con el corazón

Son muchas las vivencias que he experimentado en ésta jornada excepcional, por una parte haber aprendido, comprobado y degustados ésos increíbles quesos, saber que el sabor puede llevar a variar no sólo de la calidad de la leche, de la alimentación de los animales, del tiempo de maduración, incluso el corte de la pieza;   Ha sido muy instructivo poder aprender tanto sobre quesos de nuestra tierra gracias a Paco Garcia y a Restaurante El Lago, sin dejar atrás a María Asenjo que con su buen hacer con Oak Power PR consigue que Marbella brille aún más si cabe.

Ha sido todo un privilegio, experimentar y tener la oportunidad de vivir un lujo de día, compartir mesa con personas maravillosas apasionadas por la gastronomía, conocerlas personalmente, cuando han sido años de admiración hacia ellas: A Maria Asenjo, a Pago Garcia y a todo el personal de El Lago, a su Chef Juan José Carmona, a Reme Reina (Blog Al Sur del Sur), a Lourdes Martinez (Blog Ya Sé lo que Quiero), a Enrique Bellver (Periodista, Crítico gastronómico Diario Sur de Málaga)....

No sólo ha sido un placer gastronómico, también para mi espíritu…. Gracias por hacer partícipe a “Mi Cocina”, a mi personalmente y a Alejandro …..

Desde “Mi Cocina” les animo a visitar el Restaurante El Lago, (Estrella Michelin) en Marbella, ubicado dentro de un campo de golf en la zona de Elviria, concretamente en la urbanización “Elviria Hills”, frente a un lago artificial encontramos este oasis gastronómico, donde elaboran una cocina franca, sin estridencias pero exquisita y llena de potentes sabores andaluces, sobre todo malagueños.

Fiel a la filosofía de productos de km-0. Sus platos aparentemente sencillos esconden largos procesos de elaboración, sabores frescos y  auténticos que siempre van regados de una larga lista de grandes vinos, elegidos personalmente por Paco Garcia, Director del restaurante.

Un paraiso gastronómico malagueño:
 
Como Llegar: Restaurante El Lago
Desde la Autovía A-7 en el km 192 Salida Elviria (la del Hotel Don Carlos).
Diríjase dirección montaña por Avda. España,
Calle Italia y siga las indicaciones El Lago/ Green life golf.
 
Urb. Elviria Hills
Avda. La Cumbres s/n 29604 – Marbella,
España
 
Tfno. +34 952 832 371 
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