jueves, 22 de septiembre de 2016

BERENJENAS GRATINADAS EN HORNO, RELLENAS DE PESTO DE PIÑONES Y SALCHICHON DE MALAGA



Hay quien dice que para disfrutar bien del otoño hay que ir al sur, donde el otoño es el hermano pequeño del verano, hasta tal extremo que hay días en que prácticamente no se notaría el cambio de estación si no fuese porque los días se acortan, las montañas y los bosques malagueños, un poco más húmedos y fríos dan la bienvenida a una paleta de colores dominada por el rojo, el amarillo y el naranja.

 Un otoño que comienza hoy, prolongación de un largo verano, una época del año en la que los malagueños estamos convencidos de que es la mejor época para ir a la playa, las aguas están más cálidas, más calmas y menos aglomeradas.   

Pero no hay nada mejor en ésta época del año que adentrarse en las entrañas de la provincia de Málaga, repletos de alcornoques, encinas, castaños, pinos y pinsapos, disfrutar de hermosísimos parajes y llenar los pulmones de oxígeno deleitándonos con los maravillosos paisajes que nos regala la naturaleza, en éste lugar del Sur que algunos, o muchos, consideran el paraíso.

Otoño en Málaga….es sinónimo de castañas, de aguardiente y vino, de matanza.   Es sinónimo de tradiciones en los pueblos malagueños, donde sus fiestas gastronómicas son grandes protagonistas.    Jornadas populares donde descubrir los secretos de la gastronomía malagueña, de pasear por los pequeños y blancos pueblos de las Serranías, donde sus calles en época de matanza, en otoño, tambien huelen a lomo, a manteca “colorá”, a morcón, a chorizos y a morcillas….a salchichón. 

Sí, porque en Málaga, tras el calor del verano, llega su hermano pequeño, llega el encanto del suave otoño, una época en la que todavía el frío no arrecia pero los árboles se deshojan y las puestas de sol se pintan de color anaranjado.    Un otoño en el que nos llegan nuevos sabores y las chimeneas comienzan a humear……y encendemos en las casas los hornos. 

Hoy, les animo a darle calor a la cocina y preparar con salchichón de Málaga, unas berenjenas rellenas.   ¿Se animan?

¿Cómo las hice?

Ingredientes para dos personas:

Una berenjena grande, medio salchichón de Málaga (Prolongo, Garcia-Agua, se puede comprar en cualquier gran superficie), media cebolla, queso mozzarella rallado, sal, aceite de oliva virgen extra, un diente de ajo pequeño, doce piñones y hojas frescas de albahaca.

Los pasos a seguir:

Precalentar el horno a 180º C, mientras..

Limpiar la berenjena, cortarla por la mitad y sacar con cuidado la carne, troceándola posteriormente. 

Picar igualmente en trozos pequeños la cebolla y el salchichón.

En un mortero echar unas hojas de albahaca, el diente de ajo (quitándole la raíz central) y los piñones, machacándolos haciendo una pasta lo más fina posible.

En una sartén con un chorreón de aceite (de forma que cubra el fondo), pochar la cebolla junto con los trozos de la berenjena hasta que estén doradas las cebollas (con cuidado de que no se llegue a quemar).   Salar al gusto.

Agregar el salchichón, remover bien todos los ingredientes y retirar del fuego.

Colocar los dos trozos de berenjenas en una fuente apta para el horno, rellenar los huecos con el refrito de cebolla,

colocar encima la pasta de albahaca y piñones y sobre ésta el queso de forma que cubra toda la superficie.

Meter la fuente en el horno, calor arriba y abajo, durante unos diez o quince minutos (en función del horno), hasta que el queso esté gratinado, con un color dorado….(cuidado de que no se queme).

Sacar del horno.    
Al servir la berenjena ya gratinada, decorar con trozos de albahaca.  

Disfruten de Málaga, de sus paisajes, de su clima, de su gastronomía.......Y del Otoño, de éste cálido y maravilloso otoño malagueño.

martes, 20 de septiembre de 2016

SALCHICHAS DE POLLO EN SALSA DE VINO TINTO (videos y fotos del paso a paso)



Hace tiempo leí un articulo periodístico donde se indicaba que según un estudio de varias importantes universidades americanas, llegaron a la conclusión de que el proceso de fotografiar todo lo que comemos puede tener un efecto positivo por su efecto ritual.

Aplicar ciertos pasos antes del acto de comer, siempre según ésta teoría, hace que disfrutemos más de la comida.

Y es cierto, por lo menos para mí, antes de comer disfruto no sólo yendo a los mercados a comprar, incluso  me gusta limpiar el pescado por ejemplo, pensando en quienes van a comer lo que cocino, preparando la cocina y por supuestísimo cocinando.     Y por supuesto, no lo puedo negar, me encanta ése momento en el que con mi móvil hago las fotos, todo hay que decirlo, pero siempre y cuando esto sea rápido y no llegue fría la comida a la boca o me tengan que esperar quienes se sientan a la mesa.  

Cocino para disfrutar de la comida y ya de camino, fotografiando lo que preparo  y publicando la receta y los pasos a seguir en éste blog, en “Mi Cocina”.   Nunca he cocinado exprofeso para "Mi Cocina" virtual.

En pocos años, quizás el mundo fotógrafo-gastronómico  ha llegado a un límite tal en los blogs de recetas de cocina, en internet y en las redes sociales, que las imágenes de comida prebalece e importa más que la receta  en sí misma.   El sabor se vuelve secundario, prima la presentación y la decoración que acompaña el plato; se trata en una palabra de “comer por los ojos”, y por supuesto, de compartirlo.

Existen verdaderos artistas, reconozco ésa valía y ésa dedicación a la que probablemente nunca podré llegar por falta de medios, de tiempo e incluso por falta de dedicación completa al blog.   “Mi Cocina” no es profesional en ningún aspecto.

Hay muchos blogs de cocina, que como yo, humildemente compartimos recetas, platos con los que intentamos no sólo alimentar a quienes nos rodean, sino también procuramos que disfruten del placer de una buena mesa, sencilla y familiar.

En la blogosfera gastronómica encontrarán muchísimos blogs de recetas de cocina cuyas fotos son realmente espectaculares, me atrevería incluso a decir que si no profesionales intentan o procuran llegar a serlo, donde predominan las fotos estilo “bodegón”, en las que más que un plato preparado y servido en un hogar, parecen verdaderos estudios de fotografía con un complicado montaje alrededor, llenos de accesorios, flores y detalles que luego, generalmente, no se suelen utilizar a la hora de comer.

La receta es totalmente secundaria, forma parte del decorado, donde lo que realmente importa es la imagen, la fotografía.    Todo un arte que me apasiona, siempre me gustó una buena cámara de fotos y por supuesto realizar fotos, siempre y cuando sean fiel reflejo de una realidad.

Y así es “Mi Cocina”, así procuro hacer las fotos de mis recetas, tal y como realmente llegan a mi mesa….es como Vds. la ven, sin cámaras de fotos especiales, sin luces extras, sin filtros, natural, con dificultad a la hora incluso de grabar un pequeño video, todo mientras cocino, limpio, pendiente de que todo vaya bien, procurando compartir las imágenes, como las recetas, fiel reflejo de la realidad.   Intentando y procurando que disfruten quienes siguen mi blog, de platos caseros, sencillos, fáciles de preparar.

En ésta ocasión, una receta que por mucho que quiera no da más de sí en cuanto a imagen, a presentación, pero sí que les puedo asegurar que les encantará degustar éstas salchichas de pollo al vino tinto.

¿Cómo las hice?

Ingredientes:

Medio kilo de salchichas frescas de pollo, un vaso de agua, una cucharada mediana de concentrado de carne (uso Bovril), un vaso de vino tinto, 3 dientes de ajo, dos hojas de laurel, 20 granos de pimienta negra, una ramita de tomillo fresco (usé tomillo limonero), una cebolla morada, aceite de oliva virgen extra y sal.

Los pasos a seguir:

Picar la cebolla y los ajos en trozos pequeños; diluir el concentrado de carne en el vaso de agua y cortar las salchichas de forma que queden sueltas unas de otras. Reservar.

En una cacerola plana echar un chorreón de aceite de oliva, de forma que cubra levemente el fondo y una vez caliente echar la cebolla y los ajos, colocando justo encima las salchichas.

Trocear con los dedos el tomillo y agregarlo junto con el laurel y la pimienta negra a la sartén,

removiendo de vez en cuando, dejando rehogar todos los ingredientes dos o tres minutos, hasta que la cebolla comience a estar dorada (con cuidado de que no se llegue a quemar).

Añadir el vaso de vino tinto, llevar a ebullición y dejar que evapore el alcohol durante unos minutos.

Incorporar a continuación el concentrado de carne diluido en el agua y llevar nuevamente a ebullición, dejándolo hacer a fuego lento durante unos quince minutos aproximadamente.

Cuando el caldo haya reducido, sacar las salchichas y reservarlas.

Pasar la salsa por la minipimer de forma que quede lo más fina posible. Volver a colocar las salchichas en la sartén,

en el calor del fuego, se dorarán un poco, mientras pasar la salsa por un colador a fin de que queden atrás los restos de sus ingredientes.

Remover de forma que las salchichas se impregnen bien de la salsa resultante.

Dar un hervor, y escuchen.......

 y mi consejo: A la hora de servir acompañar con patatas fritas. 

Y ahora, ya que mi preparación para una mejor foto gastronómica no da para más, imaginen alrededor del plato una esmerada decoración…..pero recuerden, lo realmente importante es la receta.    Disfruten de ella. 

viernes, 16 de septiembre de 2016

HELADO DE COCO (SIN PRODUCTOS LACTEOS, NI HUEVOS)



Sí, a mí también me suele ocurrir, como a casi todo el mundo, cuando se habla del coco, automáticamente nos viene la imagen de playas paradisiacas, arena blanca, bebidas refrescantes con ron y pensamos en El Caribe.       A mi memoria me llegan aquel lugar de Cuba, que cuando lo visité por primera vez dije que era “El Paraiso”, una preciosa y en aquellos años, casi virgen isla llamada Cayo Coco.

Pero gastronómicamente, el sabor del coco siempre me une a Oriente, me vuelve a llevar a Asia, a los sabores y aromas de Thailandia e India sobre todo.  En Oriente se le considera una fruta sagrada.

Su origen exacto no está muy definido, se cree que éste fue en el archipiélago de Malaya, del Oceano Pácifico, muchos consideran que proviene de Asia del Sur, más concretamente del rio Ganges (India), aunque los más antiguos conocidos provienen de Bangladés.

Los cocos son mencionados en el poema Mahawamsa de Sri Lanka del siglo II al I a. C. El posterior Culawamasa dice que el rey Aggabodhi I (575-608) plantó un jardín de cocoteros de 3 ioyanas (unos 25 km) de longitud, probablemente la primera plantación de cocos registrada.

En sanscrito (Lengua indoeuropea que se conserva en los textos sagrados y cultos del brahmanismo escritos entre los siglos xv y x a. C. en la India), la palma de coco es conocida como "kalpa vriksha", que significa "el árbol que da todo lo necesario para vivir", pues todas sus partes se pueden usar.

Cuando los europeos llegaron a América, éste fruto no existía en ninguna de sus costas; había palmeras, pero no eran cocoteros.

No aparece hasta al siglo VI, siendo importado a Egipto de la zona del Océano Indico, pero pese a que Marco Polo lo denominara como "la nuez del faraón" y decía de él que era comida para un hombre al ser carne y leche, no impresiono mucho.

Se hicieron comunes en el mercado Europeo en el siglo XIX, gracias a las nuevas rutas del comercio. Pero no debemos olvidar que el fruto de cocotero, flota en el mar y ha sido dispersadas ampliamente por los océanos y mares, mediante las corrientes y llevada por los individuos y grupos humanos de la zona intertropical desde un lugar a otro.

Actualmente se cultiva tanto en el continente asiático (India, Ceilán, Indonesia) como en América central y meridional y en África.

Llámado el “árbol de la vida”, sus frutos se aprovechan para la industria, la ganadería, cosmética, medicina, agricultura y con su pulpa, en la alimentación se obtiene Manteca de coco, agua de coco, aceite de coco (En éste ENLACE pueden leer las propiedades y usos)  
y como no…..leche de coco.  

La pulpa se puede consumir cruda, entera o rallada; o bien asada, seca y en todas sus versiones forman parte de diversas y múltiples preparaciones culinarias.

La leche se obtiene exprimiendo la pulpa del coco una vez triturada.  Y es fácil conseguirla hoy en día en cualquier supermercado o tienes orientales especializadas.

Con ella, con la leche de coco y coco rallado, preparo éste delicioso helado. ¿Se animan a prepararlo? ¡¡ Aún queda mucho, pero que mucho verano !!  Por lo menos en ésta Costa malagueña, donde el Sol es difícil que nos abandone.

¿Cómo lo hice?

Ingredientes:
115 gr de azúcar, seis cucharadas soperas de coco rallado, 60 ml.de agua, una lata de leche de coco (unos 200 grms.).

Los pasos a seguir:

En una cacerolita poner el agua con el azúcar, llevar a ebullición removiendo hasta conseguir un almibar muy ligero. 

Retirar del fuego y dejar enfriar.

Mezclar el almibar con la leche de coco en un cuenco y con la batidora mezclarlo bien de forma que quede “montada” como si fuese nata.

Echar el coco rallado,


remover bien de forma que queden todos los ingredientes debidamente integrados.

En éste momento, si se va a hacer el helado manualmente, meter en el congelador tapado con papel film durante dos o tres horas, removiendo bien cada 30 minutos a fin de evitar que se cristalice.

Si en cambio, se va a realizar con heladera, verter la mezcla en la máquina siguiendo las instrucciones del fabricante.

En mi caso, una vez sacado la parte de la máquina heladera que tiene que estar en el congelador previamente, poniendo la máquina en marcha hay que verter la mezcla,
dejarlo unos 40 minutos

una vez finalizado el proceso, echar el helado en el recipiente que se vaya a guardar, en el congelador

 no consumiéndose hasta pasado unas cuatro horas aproximadamente.  
Ya sólo queda servirlo y disfrutarlo…..degustarlo y pensar que se está en El Paraiso.

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