viernes, 31 de julio de 2015

VACACIONES EN "MI COCINA" VIRTUAL DURANTE EL MES DE AGOSTO



No, no me he ido de viaje....no voy de vacaciones, si se entiende por “vacaciones” salir del entorno en el que nos encontramos, pero sí que necesito un descanso, un “parar” y cambiar la rutina diaria a la que sutilmente me veo encadenada, bien por obligación, por placer e incluso por puro entretenimiento.

Es en Agosto, cuando el calor más aprieta en Málaga, aunque éste año Julio se ha llevado la palma, cuando siempre hemos aprovechado cada ocasión que nos haya surgido para tomar un merecido cambio de aires, marcharnos a otros lugares, alterar todos los horarios del día, las ansiadas vacaciones o poder estar exentos de nuestros quehaceres cotidianos.

Y éste año, con más ahínco, deseamos que lleguen estos días especiales; poder realizar todo eso que nos gusta pero que vamos dejando para cuando tengamos tiempo: pasear, visitar museos, ir a la playa, ir a la playa, ir a la playa….e ir a la playa. 


Sobre todo poder disfrutar del mar, de la mar.......como a mi más me gusta...

Es por ello, aunque mi cocina real no cierra, el blog irá muy, pero que muy lentito….voy a ir dejándome llevar en éste mes de Agosto por lo que surja, he decidido que estos días son para relajarme, poder decir: estoy de “mini” vacaciones, aunque en realidad no las tenga en el amplio sentido de la palabra.

Desconectaré todo lo posible de mi hobby gastronómico virtual para recargarme de energía positiva y volver a publicar con más ánimo si cabe; poniéndome al día con las recetas que aún tengo por publicar.

Me tomaré el publicar recetas con calma, igual subiré alguna que otra, probablemente seguirán siendo recetas de helados, las calores extremas que estamos pasando en Málaga, así me lo pide……, porque seguiré cocinando....

Serán unos días de descanso relativo para Mi Cocina virtual, aunque la puerta del blog estará siempre entreabierta para todos aquellos que necesiten ver una receta o sencillamente visitarla.

Hoy, no voy a dejarles enlaces a recetas veraniegas como en otros años anteriores, les animo a “pasear” por las 1.297 post, recetas o entradas, a través del “buscador” o bien en el apartado “¿Qué les apetece cocinar?.....


Porque recuerden: Mi Cocina….es “Vuestra cocina”....


Quiero aprovechar para pedir disculpas a mis amigos blogueros si no les dejo constancia de mis visitas a los maravillosos blogs de cocina que admiro y sigo…..

Mientras, les transmito mi más cordial saludo y les deseo que sean muy felices…..

jueves, 30 de julio de 2015

APIANE



Ciro Bayo y Segurola, genial escritor madrileño, en su libro: “El lazarillo español”, narra lo siguiente:

¡Qué uvas las malagueñas! Las vi blancas y negras y de tantas clases, que yo, como Virgilio, protesto no poderlas numerar; desde las tempranas, que nuestro Plinio llama forenses, porque madurando antes se venden mejor en las plazas, hasta las moscateles, cuyo olor y sabor es como el almizcle o mosqueta, de lo que les pudo venir el nombre en castellano. Apianas les llama también Plinio, por ser las abejas muy golosas de ellas; son uvas gordas, perladas de forma y de color, hollejo muy recio, pero de comer muy dulce, con lo que dicho se está que ellas fueron mis predilectas.”.
Apiane: El Sol de Málaga y el dulzor de su tierra guardados en una botella.

En Málaga, el astro rey y la madre tierra se funden a lo largo de su historia con la tradición vitivinícola.

Con la llegada de los fenicios a las costas malagueñas, en el siglo VIII a.de C., se inició en la antigua Malaka el cultivo de la vid, ayudados por los íberos, el pueblo autóctono de la zona, introduciendo vides procedentes del Mediterráneo oriental; comerciaron con los vinos, considerándolos una mercancía de gran valor.    

Desde ése momento, el arte del vino se ha ido enriqueciendo consecutivamente con cada imperio reinante en las tierras malagueñas (griegos, romanos, árabes…).

En aquella época, tanto griegos como romanos, utilizaban técnicas muy rudimentarias, el primer mosto que obtenían al pisar y aplastar las uvas servía para preparar el mustum, que se mezclaba con miel y se dejaba envejecer; mosto que solían servir como aperitivo en las comidas de gala.

El resto se fermentaba en grandes tinajas, después se filtraba en cestos cónicos de mimbre y se clarificaba con ceniza, arcilla, agua de mar, etc.  para posteriormente dejarlos “reposar” en ánforas de barro, con un tapón de yeso guardandolos en el lugar más cálido de la casa hasta que adquiría la consistencia de un jarabe.

De esta forma, el vino toma una gran importancia en la Malaga romana y tiene una influencia cultural enorme, siendo los vinos malagueños exportados a todo el Imperio Romano.  

Existía la creencia de que los dioses del vino, Dionisos y Baco, sólo entregaban sus dones a los que los merecían.

En las tierras malagueñas de Al andalus se siguió cultivando la viña para producir vino y pasas. El vino llamado xarab al malaquí se siguió consumiendo, fue muy famoso y cantado por los más destacados poetas.

La vitivinicultura fue ganando experiencia con el paso de los siglos  influenciada por distintas culturas, experiencia que han ido sumándose para la producción de lo que hoy conocemos como los exquisitos vinos de la provincia de Málaga.

En el siglo V ya se conocían distintas variedades de uvas; de la uva llamada “aminta” se obtenía el vino blanco. Al vino tinto se lo llamaba “roseum”, al blanco “amineum” y al obtenido con las uvas pasas “passum”, de la “syriaca” el vino dulce y de la uva “apiana” el vino dulce…..

Y de todos ésos nombres…..hoy, me quedo con “apiana”, ése nombre es el que los romanos daban al tipo de vid que plantaban en la zona del norte de la provincia de Málaga…..en la Comarca malagueña de Antequera.

Y es en el Norte de la provincia de Málaga, en el interior de la comarca de Antequera, es donde se encuentra Mollina, un pueblo tranquilo y próspero, cuyos principales recursos son estas Tierras.     

Tierras de vinos y aceites… Unas Tierras secas, pero ricas en esencias y matices, las cuales son cultivadas con mimo durante todo el año, donde las verdes vides de cepas recias y robustas se enrocan en la tierra rojiza con la fortaleza de saberse centenarias.   

Sus frutos, cada septiembre, dan lugar a  una fiesta donde los colores y olores del vino son los protagonistas,obteniendo propia Denominación de Origen.

Hoy, uno de ellos es el “protagonista” de Mi Cocina….”Apiane” de las bodegas Tierras de Mollina….

"Apiane" evoca a los vinos de antaño, un moscatel espumoso, recogidas las uvas a mano, con fermentación natural, siguiendo fielmente la milenaria tradición de los vinos malagueños.   

Su color, amarillo pajizo, dorado, fiel reflejo de ése Sol malagueño que le dio calor a las uvas.   Un vino con aromas a azahar, quizás también a jazmines, a naranjas y limones de ésta Málaga que enamora, a frutas del terreno….con el sabor de ésta tierra: suave, dulce, sedoso, ligero….

Sus burbujas le dan la elegancia que merecen los dioses……aunque son los dioses los que nos regalaron las vides y sus frutos, el vino.

Para los griegos, el vino era un regalo de Dionisos.  Los sumerios tenían a la diosa Gestín, que significa 'madre cepa'.  En Egipto hace 5.000 años, la revelación del proceso de elaboración del vino se atribuye al dios del vino, Osiris, y el fruto de la uva eran las 'lágrimas de Horus'  . Los romanos ofrecían vino a Vesta en el fuego de su hogar y libaciones a Baco.

A Mi Cocina….llegó “Apiane”, regalo de sus productores, Tierra de Mollina…..que producen junto con otros vinos.
 
Me pidieron que hablara de él, de Apiane e indicara con qué lo maridaría en mi cocina….

Sé que el maridaje es la acción de combinar de forma armónica los alimentos con los vinos y que el objetivo de todo maridaje es conseguir que se combinen bien los alimentos y bebidas, de forma que se logre un buen equilibrio de sabores y armonía entre ambos.

“Apiane” es perfecto para acompañar a aperitivos salados, patés y como no, para los postres….. Pero yo me pregunto: ¿Por qué un vino tan especial, un vino de dioses voy a maridarlo con comida? ¿Qué mejor que disfrutarlo sólo, bien frio y con las personas que quiero?…..con mis dioses: mi marido y mis hijos.   

¿Hay mejor maridaje que unir un buen vino con el cariño, la amistad y los momentos felices que nos regala la vida? 

Pero si ésos momentos hay que preparar una buena comida….les aconsejo miren en el blog cualquier aperitivo salado (184 recetas encontrarán en ESTE enlace)... 
¡¡ Para ir haciendo boca...!!
 



Si lo quieren maridar con patés..... (AQUI tienen varias recetas)


Y como es ideal para postres, en Mi Cocina, encontrarán 217 recetas dulces y deliciosas...pero me quedo con éste en especial, el más famoso de Antequera: BIENMESABE


Por todo ello, una vez más, aunque parezca que me mueve la pasión por mi tierra.....aconsejo: ¡¡ disfruten de Málaga, de sus paisajes, de sus pueblos blancos, de los valles, bosques y sierras, de su Sol, de su historia, de su cultura, de la riquisima gastronomía, del mar....siempre la mar y por supuesto de sus buenos vinos !!   Entre ellos: Apiane.... 

lunes, 27 de julio de 2015

HELADO DE TUTTI FRUTTI



En alguna ocasión, hace mucho tiempo leí una frase que decía así: Los helados son los primos hermanos de los pasteles y si estos son joyas cuajadas de gemas…los helados son arquitecturas de felicidad.

En aquella niñez de los finales de los 50 ¿o quizás mi memoria me falla y eran principio de los años 60?....¡¡ da igual !! En aquella época, el tiempo y el progreso corrían lentamente, iban de la mano.   

Decía que en aquellos años, a los niños, llegado el verano, a la caída de la tarde, después de un largo día de calor, amortiguado bien por los baños mañaneros en la mar y por las tardes, con una rápida ducha de agua fría traída en cántaros de barro desde los profundos y negros pozos, que abundaban en la barriada marinera del Palo, lugar donde nací y disfruté de mis primeros años de vida.....felices, esperabamos con algarabía las tardes-noches veraniegas.

Para salir a jugar o pasear, o ir a tomar un helado.....nos solían peinar nuestras madres, a las niñas con sus trenzas adornadas con sendos lazos de seda y a los chiquillos, bien repeinados con su raya al lado.

Con nuestra vestimenta reluciente, las blancas sandalias por donde asomaban los calcetines de hilo, también de un blanco reluciente y nos ponían la Rebequita por si refrescaba y caía el relente al atardecer.   

Hora de ir por un helado….bien a la heladería de frente a la iglesia, a Godoy….o si había más gana de pasear, a Lauri, cerca del cine de verano, que si quizás había suerte, podríamos entrar a una sesión de cine en programa doble que constaba siempre de una película de acción, generalmente de convóis (cowboy) y otra de aquellas de “amores” donde la canción española era la gran protagonista.

Aquel largo paseo, discurría soñando con los helados, andando paralelo a las vías del tren, escuchando el rumor de las olas que nos embriagaban los sentidos, oliendo el salitre de la mar, que se mezclaba con el olor de los viejos eucaliptos que nos acompañaban por el camino  y el perfume de los jazmines, de las damas de noche y las rosas de pitiminí y demás flores que sobresalían por las verjas de las señoriales casas de Pedregalejo.  

Nada más entrar en la heladería, ver y oler los helados ya era todo un regocijo.    Fresa, chocolate, turrón, vainilla, nata….tutti frutti, la chiquillería, esperaba a que los cucuruchos fuesen rellenados con aquellos deliciosos helados que nos dejaban con la boca abierta y la boca llena de saliva, cada vez que alguien ya pasaba con él en su mano luciendo el tan anhelado helado mientras se hacía "cola" esperando turno.

Alli, en el frio y alto mostrador, en cubos metálicos con agua, sobresalían y se enjuagagaban en ella una y otra vez las cucharas mecánicas con las que depositaban las preciadas bolas de helado sobre los crujientes cucuruchos de galletas.

No puedo olvidar, los “cortes” de chocolate y nata o nata y fresa, de donde recortaban rebanadas que se emparedaban con galletas.

O los polos de hielo….de limón, de fresa o de naranja.

Helados de nuestra niñez, que me hacen viajar en el recuerdo y una vez más en la añoranza de mi familia, de mi madre ante todo, que adoraba éste helado de tutti frutti, era su preferido….también de mis tios y de mis primos, quienes hoy, viendo la foto del helado en las redes sociales, todos me han escrito…..el helado que gustaba a “padre”, a mi madre…..lo tomábamos en Lauri……¡¡ es quizás entonces, el helado de mi familia !!

También el preferido de mi suegro, y para ello, una vez más, mi suegra me hace acopio de las frutas escarchadas en Mi Cocina.   Para ellos dos, lo preparé....


¿Cómo lo hice?
Ingredientes:
Fruta escarchada (la cantidad y la variedad al gusto), 2 yemas de huevo, 100 grms. de azúcar, dos cucharadas soperas de esencia de vainilla, 200 ml. de leche (una taza aproximadamente), 200 ml. de nata liquida para montar (30% materia grasa), 50 grms. de azúcar glas.

En ésta ocasión, ésta es la fruta que he usado (piña, fresa, mandarinas, pera, albaricoque, kiwi….)

Los pasos a seguir:

Meter el recipiente donde se vaya a montar la nata en el frigorífico (tanto éste como la nata deben estar muy frios).

Diluir la esencia de vainilla en el vaso de leche.

En un cuenco, echar el azúcar y las yemas de huevo, mezclar bien con unas varillas hasta conseguir una masa homogénea y blanquecina.  Añadir sin dejar de remover la leche fría, removiendo bien de forma que queden integrados todos los ingredientes. (1)

Sacar el recipiente donde se vaya a montar la nata del frigorífico y montar la nata con unas varillas.

Agregar la nata montada a la masa con movimientos suaves y envolventes hasta que quede una masa homogénea.

Si tienen la heladera, siguiendo las instrucciones del fabricante, echar la masa en ella hasta conseguir la consistencia deseada.

Mientras se hace el helado, trocear la fruta confitada en daditos pequeños.
Un poco antes de que el helado esté listo, añadir las frutas confitadas y dejamos que se mezclen bien con el helado.

Sacar el helado de la heladera y echarlo en el recipiente donde se vaya a guardar.  Introducir inmediatamente en el congelador.

Si no lo van a realizar con heladera, deben seguir éstos pasos:

Una vez se haya preparado la mezcla de todos los ingredientes, el paso que he indicado con la señal (1) continuar según explico a continuación:   

Pasarlo al recipiente donde se vaya a guardar (el consejo es que sea a ser posible un recipiente de aluminio), tapar con papel film y meter en el congelador durante tres horas.

Transcurridas las tres horas, sacarlo del congelador dejando que se ablande un poco, remover bien.

Montar la nata y añadirla  al helado removiendo con suaves movimientos envolventes hasta conseguir una mezcla homogénea.

Volver a tapar con papel film y meter nuevamente en el congelador durante una hora.

Pasado ése tiempo, sacar del congelador y remover para evitar que se cristalice, realizando ésta operación al menos dos o tres veces más.

 Un helado, lleno de color, sabor, cariño y recuerdos para los mios……
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