viernes, 24 de febrero de 2017

LIMEQUATS EN ALMIBAR



Históricamente, la cultura gastronómica de un territorio se ha construido a partir de productos locales y de los que no siéndolo en origen acaban convirtiéndose en señas de identidad de allí a donde viajaron.           Los productos que utilizamos aquí, que ya sentimos como nuestros, han venido de otros lugares y no nos preguntamos ni de dónde ni por qué.

 ¿O quizás sí?

Yo suelo hacerlo, soy curiosa por naturaleza, me suelo preguntar de donde y cuando llegaron a nuestro entorno los tomates, o las naranjas ¿y las uvas moscatel? O algo tan habitual en nuestra gastronomía como las patatas.     No hay un producto que no me pregunte e intente saber cuándo y de donde llegaron a nuestras cocinas, de hecho hay muchísimas entradas en “Mi Cocina” virtual que explico el origen de los ingredientes que utilizamos y que han llegado de otros lugares convirtiéndose como decía al principio en seña de identidad gastronómica de nuestro país.

Ello sigue ocurriendo hoy en día.      Echo mi vista atrás y recuerdo como ejemplo cuando, hace 46 años (se dice pronto…..) probé por primera vez un fruto seco que hoy en día es super conocido y en aquel entonces toda una rareza: los pistachos.   Trabajar con hindúes, japoneses y chinos tenía su ventaja gastronómica también, llegué a probar platos y productos poco o nada conocidos.

Mi mente, pero sobre todo mi paladar por lo tanto, siempre está abierta a sorprenderme con nuevos y atrevidos productos y sabores, quizás por haber tenido la suerte de que la vida me diese la oportunidad de viajar por medio mundo durante tantos años, a nivel profesional y personal.

Aún hoy en día me ocurre que mis amigos me sorprendan en mi propia tierra.

Les cuento que hace pocos meses nuestros amigos de origen chino nos invitaron a comer en su nueva casa, allí en su precioso e inmenso jardín tenían su plantación de una fruta llamada Gac, Calabaza Cochinchín, Jackfruit bebé o fruta del cielo. 

Me la dieron a probar

y les diré que su sabor es dulce, ligeramente ácido y que por sus características naturales hace que en Asia lo consideren un auténtico tesoro.

En las zonas rurales, como en casa de mis amigos se pueden ver ésta planta enrejada, trepando hacia arriba, por lo que de ahí su nombre; independientemente de que creen firmemente que promueve la salud, la vitalidad y sobre todo la longevidad (contiene10 veces más licopeno (un importante antioxidante) que cualquier otra fruta).

Ese mismo día, nos pusieron de aperitivo algo que es considerado una exquisitez exquisitez a lo largo de China, se preparan cocidas con salsas y hierbas, y pueden servirse frías o calientes.   Es este plato ¿adivinarian lo que es? ¿lo probarían?

Pues les diré que no sólo por educación, sino por curiosidad e interés lo probé: son lenguas de pato.    Sí, creanme.    Y no sólo me comí una, repetí varias veces.    En China, la lengua del pato es un manjar; ¿la textura? Les diré que es gelatinosa y el sabor me recordó a la parte del tocino del jamón.    Estaba muy bueno.  

Aparte de muchísimos platos, él es un gran cocinero, puso en la mesa otro de los aperitivos que a mi más me gustan es el llamado “huevo de los mil años”.   
 Tengo entendido que se preparan poniendo los huevos crudos en una mezcla de sal, greda, cal y cáscaras de arroz y se dejan reposando por días, semanas o meses, hasta que el huevo se petrifica por dentro y adquiere una tonalidad oscura y un sabor penetrante y sorpresivamente sabroso.        Y ya no digamos la sopa de pepino de mar o cohombro…..todo un manjar.

Así que conociéndome, no es de extrañar que disfrute con ésos productos “extraños”, desconocidos que nos llegan de países y lugares lejanos, exóticos y que llegan para quedarse en nuestro país, para con el tiempo, formar parte de nuestra gastronomía e incluso de nuestra cultura, conquistando nuestros paladares y nuestra forma de alimentarnos. 

Dos de ellos, tambien llegados de Oriente, son el kumquat y el limequats, pequeñas frutas llegadas de Oriente y que generalmente se usan como plantas ornamentales.

Nuestro apreciado amigo Jose las tiene y las "mima" teniendo como resultado una magnifica consecha; una parte llegaron a mi cocina, vuelvo a insistir que son plantados, cuidados y mimados por él en su hermosísima terraza, criados al calor del Sol malagueño, regados con el salitre y el frescor de la mar malagueña y arrullados por ésa luna que acaricia las noches de mi Málaga…..no lo dudé un momento, disfruté de ambos y con los limquat sobre todo preparándolos en almibar (de momento, habrá nuevas recetas como por ejemplo un bizcocho o rellenando un pollo asado).


El Limequat es un árbol pequeño y frondoso. Tiene las hojas características de los cítricos. El Limequat tiene mucha producción incluso en una edad temprana. Los frutos son amarillos y amarillos verdosos, pequeños, ovales y contiene semillas. Una característica del Limequat es que su piel es de sabor dulce y tiene sabor dulce, ácido y amargo en pulpa parecido a la lima.

La fruta es completamente comestible y es muy utilizada en cocina para repostería, cócteles, salsas, confituras, etc.       Su sabor  dulce y ácido  es ideal para la elaboración de diferentes tipos de platos salados o postres más dulces.

Así, que sin más preámbulos, les diré como hacer ésta mermelada tan fantástica.

 ¿Cómo la hice?

Ingredientes:

300 gramos de limequats, 150 gramos de agua, 100 gramos de azúcar.

Los pasos a seguir:

Lavar bien los limequats.

Escaldarlos en tres aguas, es decir:

Poner una cacerola al fuego con agua, echar los limequats y cuando rompa a hervir escurrirlos con un colador grande, tirar el agua.     Nuevamente poner otra cacerola con agua fria, echar los limequats, llevar a ebullición y cuando comience a hervir, escurrir y tirar el agua. 

Así una vez más, en total tres veces.

La última vez, pasar los limequats rápidamente por agua muy fría (en un cuenco con hielo), dejarlo un minuto, escurrirlos bien.



Cortarlos en rodajas con cuidado sobre un plato (estarán muy blanditos), desechando las semillas.  

Recoger en un cuenco el zumo que vayan desprendiendo al cortarlos.
Una vez todos cortados, poner una cacerolita en el fuego, incorporar los 150 grms. de agua y el azúcar, remover bien y cuando se haya disuelto incorporar los limequats y el zumo de éstos.

Llevar a ebullición a fuego lento, removiendo lentamente, aproximadamente durante 30 minutos,

hasta que el almibar tenga una consistencia de jarabe.

 Retirar del fuego y dejar enfriar.

Esterilizar los tarros donde se vaya a guardar, introduciéndolos en agua y llevando a ebullición.    Secarlos bien con papel de cocina y rellenarlos con éste almibar.

Con la tapa hermética se conservará varias semanas.

Ideal para untar en el pan con mantequilla o para acompañar un buen bizcocho (que como les indiqué hecho con la misma fruta, en unos dias pondré la receta).

Buen provecho y disfruten de un magnifico, dulce, fin de semana. 

4 comentarios:

  1. Como me ha gustado esta entrada por todo lo que nos has enseñado y por esta magnífica receta. Cuando vivía en Marruecos, pasamos allí unos años, los kumquats me volvían loca, me los compraba por kilos ya que allí estaban muy baratos, y como eso muchas frutas que aquí son caras y poco conocidas.
    Esta con los limequats me ha encantado y si puedo comprar unos u otros desde luego la hago.
    Un beso y muchas gracias de nuevo por esta entrada.

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  2. Siempre nos queda algo por aprender y en cuanto a probar nuevos alimentos creo que si y más si nos lo recomienda o cocina alguien que ya los conoce, seguro que nos explicsrán como se pueden cocinar.
    Los kumquats si los conozco, pero no los limequats, aunque seguro que me gustan.
    Quedan muy ricos con su almíbar.
    Besos.

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  3. Una receta estupenda ¡¡¡¡ no los he probado pero seguro que una maravilla, asi en almibar para el bizcocho que has preparado o litos para cualquier preparación.
    besoss

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  4. Agradezco enormemente toda la información que nos has dado, pues no tenía la menor idea de todo lo que nos comentas. Con el poco tiempo que llevo con esto de los blogs, creo que ésto es lo más bonito que te puedes llevar. Aprender cada día algo nuevo de alguien a quien le gusta la cocina igual que a ti. Gracias por compartirlo.

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Muchas gracias por visitar "Mi cocina", por escribir un comentario, lo cual me anima a continuar compartiendo lo que se cuecen por mis fogones y lo valoro enormemente.
Si tiene alguna duda o consulta, indiquelo, contestaré lo antes posible.

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