BATATA CON MIEL DE CAÑA DE FRIGILIANA

“Llevar sueños en los pies es empezar a hacer los sueños realidad”. (Rober Vervier)
Aquellos zapatos negros, brillantes, quedaron marcados en mi memoria. Tan negros y tan brillantes como las cuatro golondrinas de porcelana que colgaban en la pared justo encima del aparador del comedor en la casa de mi madre.

Negros como el alquitrán que usaban los marengos de las playas de El Palo, para calafatear el casco de las jábegas varadas en el rebalaje y que se nos pegaba a los pies a la chiquillería cuando jugábamos en la orilla de la mar; tan oscura y brillante como la arropía, aquél caramelo que pacientemente preparaba mi abuela con la miel de caña y que servía a mis mayores para poder chupar y así endulzar la boca mientras bebían aquel negro y amargo brebaje hecho con “cebá” (cebada tostada) a falta del sabroso café y que tanto a mí me gustaba de niña.

No me gustaba la leche y la “cebá” era buena compañera del pan con aceite o con chocolate de mis meriendas. Sentada en las sillas de nea, balanceando las piernas que no me llegaban al suelo, mirando el brillo de mis zapatos de charol.

Con ellos dejaba volar mi imaginación, bailaba, andaba donde mis fantasías infantiles me llevaban, nadie me detenía; mis zapatos de negro charol eran mágicos, especiales, me permitían ser personajes de mis cuentos infantiles o de mis historias que inventaba mi mente. Quizás por ello me llamaban Antoñita “La Fantástica”.

Aún me imagino con mis vestidos o mis faldas con enaguas de encaje almidonadas y mis zapatos de charol, imagen que quedó grabada en mi mente. 
Zapatos negros, brillantes que nunca me pueden faltar, que siempre uso y que al mirarlos me hacen viajar a mi más tierna infancia; me llevan a la playa donde mis pies desnudos en la arena se llenaban de alquitrán, a recordar a mi madre quitándome las manchas restregando sobre ellas un trapo empapado con aceite de oliva.

Cierro mis ojos y veo las negras golondrinas que ya no volverán, aspiro el aroma de los dulces guisos que inundaba la cocina de mi madre, preparados con la negra miel de caña de la Axarquia malagueña que brilla como mis zapatos de charol.

¿Sabían que Málaga cuenta con la única fábrica de Europa de ésta dulce, saludable y riquísima melaza, la miel de caña?    Está situada en un precioso pueblo llamado Frigiliana, cuna de la miel de caña malagueña. La miel de caña procede como indica su nombre de la caña de azúcar y su elaboración, es similar a la azúcar blanca o morena, a excepción, que esta mantiene su humedad dando como resultado un aspecto similar a la miel de abejas.

En el siglo XVI, el ingenio Nuestra Señora del Carmen, actualmente la única fábrica de Europa, comenzaba a elaborar este producto aprovechando el salto del río que pasa por Frigiliana, para mover los molinos, y extraer el jugo de la caña de azúcar, luego calentarlo en calderas avivadas por bagazo, y obtener una miel sin impurezas, que conserva todas las propiedades de la caña.

Su ancestral elaboración pone en valor un producto único introducido por los árabes, y fundamental para la economía de los años 30 y 50 en Nerja, Torrox, Frigiliana o Vélez-Málaga.

Con ella preparo ésta receta con BATATA, la llamada PAPA ROSA DE MÁLAGA.

Fué uno de los primeros productos llegados a España, traída por Cristóbal Colón desde el Continente americano, concretamente en el año 1.493, de origen taíno, desde Haití se aclimató a las mil maravillas en Málaga, especialmente en la Axarquia malagueña, sobre todo en Velez Málaga, donde hoy en día se produce una de las variedades más apreciadas, la batata, la llamada “rosa de Málaga” o “Patata de Málaga”…

Abundan las referencias de tan delicioso tubérculo en el Siglo de Oro, desde Cervantes o Quevedo a Lope, cuando escribían o hablaban de 'patata', se refieren a las batatas, incluso en el caso de Santa Teresa de Jesús y las famosas patatas que le enviaron desde Sevilla, debe entenderse que lo hacía de esa 'patata de Málaga', o sea, de la batata. .

La verdadera patata, la “papa” como la llamamos los malagueños, al igual que la denominaban los indígenas del Nuevo Mundo, como hoy la llaman en toda la América hispanohablante, en Canarias y también en gran parte de Andalucía, no llegaría a Europa hasta bien entrado el siglo XVI y su consumo humano no se generalizó hasta finales del XVIII.

Sólo dos cosas tienen en común la patata y la batata: ambas son tubérculos, ambas crecen bajo tierra…y hasta ahí; ni siquiera son “parientes”.

Ipomoea batatas, tiene los siguientes nombres en español: bataca, batata, boniato, buniato, camote, moniato, moniatos, patata dulce, minina, chaco, “patata de Málaga” y “rosa de Málaga”.

La humilde batata, alimento que se le asocia a tiempos Fde privaciones, de hambre, de penuria; tan popular en la Málaga antigua, en la Málaga de la posguerra y que con el paso de los años, seguía siendo una delicia para mis mayores.

No puedo olvidar las ollas de batatas cocidas con castañas…dulces meriendas de mi niñez.

Aún cierro los ojos y percibo el maravilloso olor de las batatas asadas, liadas en papel de orillo entre las brasas del carbón encendido de la hornilla de mi abuela, aún puedo ver resoplando a mi madre sus puntas de los dedos al pelar las recién asadas batatas, me maravilla el color, de un naranja vivo y me deleito con el dulce sabor….

La patata dulce de Málaga, la patata rosa….seña inequívoca de días invernales, que aún hoy en día se cultiva en la costa oriental malagueña, seguir consumiéndola es un homenaje a mi madre, a nuestra memoria, a nuestra cultura e idiosincrasia; en definitiva una apuesta por su conservación, por recordar esos sabores malagueños.

Por lo que les animo a probar éste postre tan malagueño, tan nuestro, tan delicioso.
¿CÓMO LO HICE?

INGREDIENTES PARA DOS PERSONAS

½ kg. de batatas, un vaso de agua, 250 grms. de miel de caña, seis clavos de olor, una rama de canela y una cucharada pequeña de matalahúva.
LOS PASOS A SEGUIR:

Pelar y trocear las batatas.

En una cacerola mediana echar el vaso de agua, la miel de caña y una “muñequilla” de tela donde introducir el clavo, la matalahúva y la canela. Llevar a ebullición e introducir los trozos de batata, dejando cocer a fuego lento hasta comprobar que los trozos de batatas están tiernos y la “miel de caña” se convierta en almibar.

Apartar del fuego y servir la batata regando con generosidad con el almibar, bien templado o frío.
¡¡ Disfruten de la dulzura, de los postres malagueños !!

2 comentarios

  1. Zapatitos de charol para los días festivos y las merceditas más robustas para los días de diario, para ir al cole, qué recuerdos!
    No he comido la batata con miel de caña, pero imagino ha de estar rica aunque sea en poca cantidad.
    Besos.

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    1. ¡¡ Qué recuerdos !! Como tu bien dices Ana, los zapatos más robustos para el cole, para el día a día y en verano las chanclas..... Te animo que las pruebe, es una delicia. Gracias miles siempre por tus comentarios....Mi Cocina, no sería tal sin tus cariñosas palabras.

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Muchas gracias por visitar "Mi cocina", por escribir un comentario, lo cual me anima a continuar compartiendo lo que se cuecen por mis fogones y lo valoro enormemente.
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